20 de marzo de 2013

TECNOLOGÍA Y ABSTRACCIÓN

Enrique Zamorano/@Enriquezamrod

Siempre se ha asociado la imagen de un artista, de los buenos, no de los mediocres, con la magia. Goya se las hizo de brujo para pintar las “pinturas negras”, el poeta Octavio Paz iba homenajeando a sus compañeros con el apodo máximo de “poetas magos”, y el cantante y líder del carismático grupo The Doors, Jim Morrison, fue apodado como el chamán del rock.


The Doors. Fuente: Wikipedia
¿Cómo queda el papel del artista en una civilización que ha progresado muchísimo y ha dejado atrás todas las culturas que conectaban con la naturaleza y de ahí a la sabiduría que el hombre podía extraer de ella? El blues, por ejemplo, nació de los “espirituales” negros de la América esclava.

La avanzada tecnología, las  comunicaciones ilimitadas y enviadas a propulsor a la sociedad, el auge de las ciudades y el mercado… Todo ello ha ido tapando el hueco que le quedaba a la magia: esa capacidad del hombre de conectar con la naturaleza para extraer una obra de arte o de sabiduría. ¿En qué lugar de la sociedad queda ahora el artista?

En los 60, los inicios de esta sociedad capitalista (american way of life), en la que vivimos ahora, fue la época del ácido. El artista ante las luces de las grandes ciudades optaba por el camino más rápido, que no era otro que el de la evasión. Buscar dentro de su mente y su inconsciente para dar lugar a la obra artística, para lo que se servía de la ayuda de las drogas alucinógenas.


Holly Trinity of Rock, Bycalavera
En los 70 más o menos lo mismo, solo que hubo una especie de conciencia sobre el peligro evidente, debido a las numerosas muertes por ingesta de drogas: el mítico año 71, el Año J, en el cual murieron tres de los grandes héroes de la música occidental: Jimmy Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison, ambos, como sabéis, a los 27 años.

En los 80 se dejó un poco de lado toda esa idea de evasión y de enfrentarse de cierta manera, digamos metafísica, hacia el avance de las tecnologías y el orden establecido. Es por ello que nació la música electrónica y con ella el dance y las salas de baile. Las drogas alucinógenas seguían, pero con menos seguidores, el movimiento hippie iba perdiendo fuerza y las autoridades mediaban una fuerte represión contra todo ello.

En los 90 la idea de rebelión del artista frente al mundo vuelve a aparecer, y de manera total, con la llegada a la música del estilo grunge y de su mártir, Kurt Cobain.


Hoy en día, ya entrados en el siglo XXI, se puede decir que el papel del artista en la sociedad tiene dos caras: la aceptación y la rebelión. Los estilos han cambiado y se han hecho muy complejos y diversos. El rock se ha reinventado, uniendo el concepto de rock ya no al blues o a la música propiamente acústica, sino mezclada con la electrónica (Ej: Muse o Radiohead). El camino del nuevo arte, que siempre ha estado basado en la abstracción y la naturaleza, ha derivado hacia una senda en la cual las tecnologías importan.

En las letras, también lo podríamos aplicar a escritores de la talla de Agustín Fernández Mallo, que siendo licenciado en Física, aplica sus conocimientos científicos e inserta en sus libros direcciones web para completar su obra artística.

El mundo tecnológico, los avances técnicos, la sociedad que solo lucha por sus intereses propios, la incapacidad de no encontrar un aire no contaminado en una ciudad… todo ello hace de menos al artista. El artista hoy en día, está apartado, alienado, drogado, olvidado, aislado y por qué no, condenado.

El underground muere día a día o si no muere es por el empuje de gente que valora ese arte de clases bajas, esa forma artística alejada de las imperantes que siempre ha cambiado e inventado estilos. El artista siempre está en tensión y deprimido, porque cada vez el mundo se empeña en hacerle creer que no es buen camino mirarlo a la cara de forma crítica. Porque el principio de metáfora, del cual se sirve el artista es ese: la diferencia, buscar sentidos en cosas que la gente no ve.

Foto: Juan Carlos Castro

El artista está en definitiva condenado, debido a que, como dice la mítica frase, nadie vive del aire. Y el artista, el verdadero artista, necesita siempre estar en la contemplación para buscar una alternativa al yacimiento de borregos que la sociedad dirige y domina.

Pero bueno, al fin y al cabo, debemos ser positivos y pensar que aún quedan muchos Jim Morrison por llegar y alumbrarnos, y para ello debemos apoyar la cultura y el arte. Saber reconocer a un artista de verdad y apoyarle para que salga adelante. Porque en este mundo donde es más importante el dinero que las personas, necesitamos de todos esos artistas para que nos hagan ver el sol y la verdad en medio de tanto rascacielos, al fin y al cabo, que nos lleven a estadios superiores de conciencia producidos por la buena obra artística que descifren de dónde venimos, qué somos y hacia dónde vamos.
¡VIVA LA CULTURA LIBRE!

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