15 de abril de 2013

CLEMENTE DE PABLOS: "UN INVESTIGADOR DE CINE DEBE TENER LA MENTE ABIERTA"


Entrevista: Omar Calleja/@OtraVezOmar


Clemente de Pablos (1970, Segovia), investigador cinematográfico y profesor en el sector audiovisual. Es Licenciado en Historia de Arte por la Universidad de Valladolid y Catedrático en Historia Estética de la Cinematografía. Ha publicado dos libros; uno sobre la historia del cine en Castilla y León (100 años de cine en Castilla y León) y otro sobre los rodajes cinematográficos en Segovia (Un lugar de cine), además de colaborar en la parte de cine de la Enciclopedia de Historia Contemporánea de Burgos, provincia sobre la que documentó el rodaje de la película ‘El bueno, el feo y el malo’. En el año 2000 obtuvo el Racimo de las Artes en la categoría de cine por la Fundación Serrada Blanco del Arte y, hace tan solo unos días, obtuvo el Doctorado en Historia Arte con su tesis "Cinematógrafo y cinematografía en Segovia y su provincia" (1898-1985). Una visión panorámica’ ante un tribunal en el que se encontraban personas tan reconocidas en el mundo audiovisual como Román Gubern.



Doctor de Pablos. No suena nada mal, ¿no?

Evidentemente no lo hace, pero, para mí, más importante que el titulo era hacer algo netamente académico y científico. Mis anteriores investigaciones ya eran científicas, pero tener el reconocimiento de la Universidad de Valladolid y, concretamente, de su prestigioso Departamento de Historia del Arte es un espaldarazo muy importante a un trabajo que llevo realizando desde 1996.

Un grado otorgado por historiadores cinematográficos de la talla de Román Gubern, ¿qué se siente cuando personas de ese estatus le juzgan tan positivamente?

Hubiera sido muy fácil haber contado con un tribunal de amiguetes, pero lo que queríamos era buscar a los mejores especialistas, por eso nos pusimos en contacto con gente como Palmira González, especialista de cine mudo de la Universidad de Barcelona o José Luis Sánchez Noriega, un experto audiovisual de la Universidad Complutense. Además, como presidente del tribunal queríamos al mejor de España, Román Gubern, ya no solo por sus publicaciones y prestigio, sino porque es un experto de la legislación audiovisual de la II República, una temática que está muy presente en mi tesis, en concreto, en el capítulo de la historia de las 160 salas de cine de Segovia, y que luego pasa sin ninguna modificación al franquismo junto con la censura. Necesitábamos a gente muy experta, aunque fue muy duro; estuvimos más de 5 horas defendiendo la tesis.

Su estudio es todo un recorrido por el cine oculto de Segovia durante el siglo XX, ¿por qué elige 1898 y 1985 como límites espaciales?

Los años en los que se marca la tesis no son solo límites espaciales, sino que nos marcaban dos objetivos. Por un lado, existía una cierta controversia después de que descubriera en 1999 que la primera película rodada en Segovia y la llegada de un cinematógrafo con patente lumière fue en 1898 y no en 1906 como decía la bibliografía existente, por lo que tuvimos que fundamentar esa llegada y explicar que proyeccionista fue, que proyectó, que maquinaria llevaba… En definitiva, dar todos los detalles sobre una cuestión que teníamos marcada y que hemos conseguido demostrar.

Con respecto a 1985, lo hemos elegido porque es el año en que Segovia se convierte en la primera capital de provincia española que se queda sin salas de cine. Sobre esta cuestión, realizamos un informe estadístico y económico que explica, entre otras cosas, que sucede con la crisis del video de los años 80, lo que nos ha permitido descubrir que en Segovia no hay una crisis, sino tres, dos españolas y una puramente segoviana que consistió en que una empresa llamada ‘Velasco y Alonso’ se hizo con el monopolio de las cuatro salas de la ciudad. En consecuencia, la competencia desapareció y las películas pasaron a emitirse con cierto retraso con respecto a Madrid, una circunstancia que desanimó a la población y fue muy perjudicial para los
beneficios.

¿Cuál ha sido el descubrimiento que más le ha impactado?

Ha habido muchas cuestiones, pero especialmente las películas del oeste rodadas en Segovia. En el año 1999 con el libro ‘Un lugar de cine’ habíamos encontrado ya un par de películas, una de ellas es ‘Cien rifles’, con Raquel Welch vestida solamente con un poncho y la pistolera, lo que fue muy censurado en España, y la otra fue ‘Rebeldes en Canadá’, ahora hemos encontrado bastantes más. También fueron muy importantes los rodajes mudos de los que apenas existían referencias en la bibliografía española. En
concreto, hemos encontrado un grupo de documentales de las décadas de los 10 y los 20 pertenecientes a unos archivos franceses y que tienen como protagonistas a Alfonso XIII y a su familia.



Habla también sobre las “corruptelas institucionales” que realizaban algunos empresarios en sus salas de cine, ¿cómo era este proceso?

Durante este periodo la legislación que se aplicaba en las salas de cine consistía en una la ley republicana que no fue publicada en el franquismo, por lo que tener la información necesaria para obtener un permiso era casi misión imposible. Con esta situación, aparecen, por un lado, una serie de corruptelas institucionales, por ejemplo, que un alcalde tratara de poner un cine y de hacerle la competencia al industrial o que un cura intentara competir deslealmente con el cine comercial o, incluso, cerrarlo. Desde el punto de vista comercial, algunos empresarios denunciaban a otros o proyectaban en salas estables con licencia de cine ambulante debido a lo complicado que era obtener una licencia fija.

¿Qué zonas de la provincia fueron utilizadas para los rodajes?

Han existido tradicionalmente cuatro zonas muy importantes. En primer lugar la capital, porque posee unos edificios antiguos en los que se puede ambientar multitud de películas de todo tipo. La segunda seria Pedraza de la Sierra y sus alrededores, que destacan por ser casi como un decorado; luego vendrían Los Reales Sitios, donde se ruedan películas como ‘Los Tres Mosqueros’, de Richard Lester o ‘Conan el Bárbaro’. El cuarto foco de atracción de rodajes es La Mata de Pirón, donde existía una finca que pertenecía a la familia a Jaime Echávarri y que utilizó el director para rodar una de sus primeras películas. Además, tras el franquismo, también allí Iván Zulueta graba escenas del ‘Arrebato’.

¿Qué cambios significativos aportó la llegada del sonido a la evolución del cine segoviano?

A finales 1930 habían existido ya experimentos de sonido, pero cuando realmente se asienta es el 1 de enero de 1931 en el cine Cervantes y luego, en marzo, en el Juan Bravo. Inicialmente lo primero que se proyecta son producciones que vienen de EEUU, en concreto, la primera película que se proyecta es el ‘Rey del Jazz’, considerado el primer film sonoro de la historia. El sonido populariza mucho el espectáculo pero aleja al espectador medio de la época de las salas. La gente estaba acostumbrada a ver un cine de una terminada calidad, con un gran valor estético, y la llegada del sonido lo separa un poco de esa característica. En ese momento vuelven las cintas de entrega, un cine más popular y más bajo que atraía a la gente más humilde mientras que, como digo, el cine artístico desapareció de la cartelera durante estos primeros años, aunque luego volverá a finales de los años 40 ya con el sonido incorporado.



¿Podría contarnos la historia de algún festival de cine y alguna anécdota de él?

Es festival más importante fue la llamada ‘Muestra de Cine de Segovia’, del que fue director Francisco de Paula Rodríguez Martín. Tuvo un origen bastante curioso, puesto que las productoras internacionales, cansadas de que les censuraran las cintas, le hacen a Rodríguez Martín una oferta que involucró también al Ministerio de Cultura y al Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales. La oferta consistía en poner una serie de películas sin censurar en Segovia con el fin de que las instituciones se dieran cuenta de que no hacía falta ‘amputar’ sus películas porque la población no iba a perder la fe ni a montar reyertas en las calles tras verlas. Con esta situación, Segovia se convierte en un experimento sociológico al cual llegan películas que eran estreno mundial o que no se habían proyectado en Europa, incluso se hacían ciclos de cine experimental. Y salvo en la proyección de Jesucristo Superstar, en la que los beatos se fueron a rezar el rosario, no hubo mayor incidente. En los años siguientes, el Festival, que siguió prosperando de la mano de Rodríguez Martín, tuvo mucha calidad, con estrenos mundiales, europeos y nacionales.

El punto estrella de su tesis ha sido la creación de una “enciclopedia que permite estudiar la historia del cine en ámbitos marginales y desfavorecidos” para evitar la pérdida de datos. ¿Cuáles han sido los pilares de este método?

El primer capítulo de la tesis lo dedicamos íntegramente la metodología porque nos damos cuenta de que no existía un sistema concreto para estudiar un cine fuera de los círculos comerciales. La mayor parte de la bibliografía sobre cine son biografías u obras de difusión, pero no se encuentra algo científico para estudiar el cine en su sitio concreto. Un gran porcentaje de los investigadores lo que hacen es meterse en la hemeroteca sacar los datos y elaborar un discurso, pero desde un punto vista metodológico este sistema no es muy significativo, por lo que hemos decidido construir una metodología que, aunque no esté acabada del todo, si sienta unas determinadas pautas.
La primera cuestión es abrir la mente; hay que ser un poco idealista, no se pueden censurar los posibles resultados antes de la investigación. Si nosotros no hubiéramos sido idealistas no hubiéramos descubierto un número tan alto de films westerns o que ‘John Paul Jones’ de Samuel Bronston se rodó en Segovia, cuando toda la bibliografía la situaba en EEUU.
También son muy importantes las fuentes, incluso hasta el punto de crearlas uno mismo si previamente no las ha conseguido. Por ejemplo, junto con la Diputación de Segovia, hicimos un cuestionario de historia de cine para todos los municipios segovianos y nos ocurrió una circunstancia muy llamativa: cuando les mandabas un
cuestionario sobre el Parlamento Europeo contestaban diez; a nosotros nos contestaron cincuenta. La población rural tiene mucho interés en el cine.
Otra cuestión importante es que, en metodología, a veces un ‘no’ no significa no; si llegas las hemerotecas y no encuentras nada, significa que tienes que rebuscar en épocas como la guerra civil. También cabe recordar que, aunque no lo parezca, en internet no siempre está todo. Era muy importante que las bases quedaran definidas, para que si alguien el día de mañana quiere investigar pueda utilizarlas.

Desde su faceta de profesor, ¿cómo ve el sector audiovisual de Castilla y León?

Castilla y León nunca ha apostado realmente por el sector audiovisual. Mientras en otras comunidades estaban desarrollando audiovisualmente las televisiones autonómicas, aquí todavía teníamos una delegación territorial de TVE que conectaba con el programa nacional como pasaba durante el franquismo. Hubiera sido una buena oportunidad haber dinamizado el sector antes de la crisis; haberlo unificado y vertebrado. Una cadena de calidad hubiera sido muy importante para la comunidad. Ahora mismo veo el futuro bastante negro. Además, la impaciencia con la que actúa actualmente la prensa tampoco está ayudando a la calidad audiovisual. Igualmente, la formación audiovisual tampoco ha sido nunca una de las prioridades de la comunidad.



¿Cuál es el principal consejo que le daría a un alumno que se sumerge por primera vez en un mundo que tan afectado por la crisis? 

Como dijo Charles Bukowski: “Encuentra lo que amas y deja que te mate”.

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