9 de abril de 2013

DUEL (Ciclo Opera Prima)

Jorge Hierro/@Shajaolana

No necesita carta de presentación, su ópera prima fue la semilla de la que brotaron toda una serie de éxitos irrepetibles tanto para crítica como para el público. Su alfombra roja de taquillazos es tan alargada como los premios cosechados tras cuatro décadas de continuo trabajo e innovación. Intuye la trama, diluye la ciencia dentro de la acción y la emoción, coordina el tiempo mezclando tensión, calma y frenética acción en guiones delegados en expertas manos de confianza por las que ha contribuido en múltiples ocasiones a crear grandes películas.



Steven Spielberg, el sinónimo de la ciencia-ficción y acción cinematográfica desde hace más de 40 años, ha dirigido 51 películas y producido 136, haciéndose valedor de etiquetas como director de películas comerciales (blockbuster), de las cuales se siente muy orgulloso. Actualmente ostenta 3 premios Oscar y aún así se le considera infravalorado en la Academia de Cine americana. Podemos hacernos una idea de la aptitud y vocación de uno de los maestros del cine.

Su archiconocido apodo (‘El Rey Midas de Hollywood’) va ligado a los éxitos de sus también archiconocidas E.T: El Extraterrestre, Tiburón, La lista de Schindler, Indiana Jones, Salvar al soldado Ryan y otras seguramente no tan conocidas por las jóvenes generaciones de los 90 y la recién nacida del segundo milenio. Como si de un novato arrogante se tratase, dirigió su primer reto para TV, y tal fue el éxito de esta obra que posteriormente se reestrenó en todos los cines del mundo al mismo tiempo.



 En esta segunda edición del Ciclo Óperas Primas (COP) analizaremos la primera película del oscarizado productor, director y guionista Steven Spielberg. Con todos ustedes, Duel (El diablo sobre ruedas).



 Como los fieles usuarios de Filmaffinity nos recuerdan, la notable (un 7’7 de nota media) ópera prima del director estadounidense se ha convertido, con el paso del tiempo, en una obra de culto en el sector cinematográfico. Rodada en tan sólo 13 días, la trama encierra todo lo que el espectador necesita para entregarse a ella: Tensión, agonía, acción, fuerza, vitalidad, pausa, intriga, suspense y emoción, todo ello unido por el engranaje de un tempo coordinado por la maestría propia de un director de orquesta, que utiliza todos los instrumentos de los que dispone para crear una sinfonía perfecta, sin desentonar una nota.

El argumento es sencillo: David, un hombre de familia (aunque no ‘cabeza de familia’), se dispone a realizar un viaje en coche para una reunión. Durante el viaje compartirá calzada con un camión que convertirá lo que otrora pudiera ser un plácido recorrido en una odisea de terror. Nunca vemos el rostro del conductor del camión, pero sabemos quién protagonizó dicho personaje y qué quería el director de él. Carey Loftin le preguntó a Spielberg cuál era la verdadera motivación del conductor del camión para atormentar al protagonista en su coche rojo, a lo que el director contestó: eres un sucio, podrido y malvado hijo de puta. Loftin le hizo saber que había dado con la persona indicada para ese papel.



Los 85 minutos de metraje se convierten en una persecución sin parangón, carente de los efectos especiales de la interminable saga Fast & Furious pero mucho más completa en todos los sentidos: Tan sólo un coche rojo y un camión dispuestos en medio de una desértica carretera con curvas y cuestas son capaces de transmitirnos todas las sensaciones que podamos sentir, puesto que siempre asusta más lo que no se ve que lo que se ve, lo que se dice que lo que se reprime. Un depredador que intimida a su presa hasta el punto de desorientarla por completo, retraída y atemorizada, sin más recursos que el instinto de supervivencia a 140 Km/h con un manguito roto.

Pegas

Ni el mejor maestro puede optar a una lección sobresaliente. La ‘voz en off’ del protagonista resulta a veces efectista, a veces pedante. Cuando la voz calla, el silencio abruma. A veces una mirada, un gesto, una imagen valen ciertamente mucho más que mil palabras, pero para ser una ópera prima enclavada en los deprimidos sueños americanos de guerras por terminar y una sociedad  huésped de un fatigoso lustro corruptivo, los billetes pesaban (y pesan) más que la calderilla y Spielberg iba a necesitarla para regalarnos toda una carrera de éxitos cinematográficos. ¿La segunda pega?:
¿Cómo puede correr tanto ese camión?

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