8 de abril de 2013

HOMO SANGUINUM O LA CRUELDAD DEL ESPECTÁCULO


Juan Carlos Castro Simón/@JimmyTurunen

La evolución no siempre es buena y a veces se produce de una manera casual y sin ninguna duda incontrolable. A la vez esta evolución se trasmite a los sistemas formados por actividades humanas como puede ser el ocio. De ver hombres contra hombres peleando hasta la muerte en un anfiteatro, se pasó a ver hombres contra fieras y como último resquicio toros. Con la televisión todo el mundo cambió y el fin relativo de las fronteras supuso una encarnizada lucha por las audiencias y una evolución del ocio en el sangriento sentido del espectáculo que tenemos los humanos.



Con una pantalla que evita que la sangre de un decapitado nos manche, programas en los que se hace sufrir a un ricachón que “no sabe nada de la vida” se han convertido en el circo de nuestro tiempo, el anfiteatro se llena de plañideras y desvergonzados lanzándose cuchilladas verbales en un sinfín de cotilleos y rumores que cuando no existen se inventan.

A falta de un vacío legal que permita a dos hombres semidesnudos pelearse hasta la muerte en un plató, se ha creado un nuevo formato televisivo. Frikis y presentadores caídos en desgracia se autolesionan por un segundo de protagonismo en un televisor que todos ven. Sadomasoquismo aliñado con un chorrito de aceite y una pizquita de concurso, competición y experimento sociológico. No hay nada más sabroso para el Homo Sanguinum.

En 2007 el cómico, o eso dice su currículo, sueco Fredrik Wikingsson decidió que para ganar audiencia en su programa del Kanal 5 debía comerse el culo. Hasta periódicos de otros países, como pueden ser en España, El Mundo o El País, publicaron la noticia. Récord de audiencia desde el corte del trozo de carne hasta la ingesta. El formato funciona mejor que Gran Hermano, pero puede ser un problema para aquellos que tengan las tallas de pantalón más pequeñas.

Desde lo grotesco de la situación a Supervivientes, programa creado por la televisión sueca también, hay poco. Nos alarmamos cuando en 2009 en la versión española Álvaro Muñoz Escassi tuvo que abandonar el programa por problemas de salud (20% de share); ahora que en Francia se tiene que suspender el programa por la muerte de un concursante, nos preocupamos más allá de la mera alarma por la salud de nuestros frikis. Eso sí, nadie nos quitará las ganas de ver la prueba en la que Gerald Babin sufrió una serie de calambres y durante los 10 minutos más que duraba la grabación no pudo ser atendido por el médico Thierry Costa que posteriormente se suicidó.



Del canibalismo a la muerte y todo por el disfrute del público. Permitir o no permitir esta especie de programas no es algo que nos deba ocupar el más mínimo espacio de tiempo, pero quizá deberíamos reflexionar un poco y así los que acudían a la plaza del pueblo a ver los autos de fe no nos resultarían tan poco críticos dados nuestros parámetros culturales.

Los toros son maltrato animal, pero estamos hablando de hacer lo propio a los de la misma especie. Quizá sea más violento ver como Leo Bassi arroja un cubos de agua al público y revienta excrementos en el extinto Crónicas Marcianas, y éste lo celebra como celebran los groopies de Maryln Manson cuando les cae encima la meada del cantante durante un concierto. Grotesco, vulgar y, visto desde la distancia, de mal gusto.



La sangre entretiene a “esos que también votan” (referencia  inevitable a El Ala Oeste de la Casablanca) mientras los periodistas, aquellos que deberían hacer una televisión de calidad se malgastan intentando convencer a Olvido Hormigos para que deje su concejalía e intente pasarse al salto de trampolín. Con un poco de suerte en un entrenamiento se rompe una pierna y podemos sacar un par de planos con la banda sonora de Tiburón de fondo. El Homo Sanguinum es predecible y sorprendente, a aquellos que no les gustan los toros aplauden cuando ven el asta del animal atravesar el cuello del de su especie.

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