10 de abril de 2013

RENOVAR EL PERIODISMO



Enrique Zamorano/@EnriqueZamRod

Una sociedad hiperinformada en realidad es la que más atontada está. Castells, experto en comunicación y sociólogo, distingue muy bien entre la Sociedad de la Información y la Sociedad del Conocimiento. Una no implica a la otra, cuando bien se puede confundir. Su diferencia estriba en que los líderes de opinión y medios de masa, venden el razonamiento de que cuanto más conectado está una persona a la información global más conocimiento tiene. Pero en realidad, eso no es del todo así.



En primer lugar, debido a la confusión existente en los medios de comunicación con respecto a sus funciones de cara al público, que bien no distingue o bien no se da cuenta sobre lo que es información y qué es entretenimiento. Y teniendo en cuenta quién dirige esos grupos de comunicación –cuyos jefes apenas nadie conoce–debido a que no deja de ser una Sociedad Anónima y por ende una empresa con intereses propios y más en los tiempos actuales que corren, donde el neoliberalismo ha llegado a límites insospechados con sus consecuencias inesperadas que han saltado en la cara a toda la economía mundial, y en nuestro caso, europea.

En segundo lugar, debido a la rapidez de la información. El consumo rápido y fugaz de la producción y los medios productivos. Cuando antes el mundo obrero luchaba por una sociedad en la que el fruto del trabajo fuera propio de quien lo produjese y no se lo llevase, lo que en términos marxistas se denominaba, un “patrón”, ahora ni es suyo, sino de todos, y por poco tiempo, pues es rápido y su valor termina enseguida.

En definitiva, estamos tan desbordados de información de consumo y validez inmediata y rápida, que es muy difícil que sepamos sobre un tema o un asunto. En perspectiva, sabemos mucho de todo y poco de nada. Y eso contando con que la información que disponen al público es fiable y no engañosa, ya que muchas veces, no deja de ser un mero producto que funciona según los intereses de una empresa.

Si hay una prensa de corte reivindicativo e izquierdista es porque hay un público que la exige. Y cuando ese medio vea que lo que transmite se pone en su contra, dejará de emitir esa clase de mensaje. Es decir, los grupos de comunicación, al margen de la impresión que puedan causar al público y lo que transmitan, solo son otra empresa más, un mercado más de negocio en el que todo vale y a toda costa con tal de ganar el mayor número de beneficios.

En España supuestamente existe lo que se llama libertad de prensa. Esta idea se corrompe cuando bien no hay una prensa objetiva cuya base es la economía. El periodista debería estar comprometido con la información y la verdad de los hechos, y no situarse a un punto o a otro de la balanza, según le exija su medio. Con la crisis que atravesamos, en la que poco a poco vamos descubriendo cuáles son sus causas y sus razones que más o menos tienen que ver con todo el dinero público que se ha robado dejando el país en la quiebra y la ruina, no es anodino que suceda lo mismo en el periodismo. El periodismo está en grave crisis, primero de identidad y luego de fundamentos.



Para llegar a una solución efectiva, se debería apostar por una prensa libre, imparcial, objetiva y lejos de todo interés humano, que atienda solo a la información y sirva a lo que se debería llamar democracia, guardando a los ciudadanos y al pueblo de la mentira y condenando todas las fechorías que cometan unos pocos que siempre vienen a ser los de arriba, es decir, aquellos a quienes mantenemos y por lo que estamos así.


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