13 de mayo de 2013

EL EMPLEO EN ESPAÑA


Juan Carlos Castro Simón/@JimmyTurunen

Si estudiamos el empleo español, cuando lo había, podremos fijarnos en su marcada estacionalidad derivada de las actividades turísticas, un sector muy importante en nuestra economía. Construcción y montaje aprovechando la burbuja inmobiliaria también se llevaron su parte del mercado laboral. Trabajos temporales con sueldos altos y que  requieren poca formación, un incentivo para jóvenes dubitativos entre el estudio y el trabajo, tasas de abandono escolar que nos hacen bajar la cabeza ante nuestros vecinos europeos.



Desde la crisis del 76, que España superó en los 80, el mercado laboral español se ha mostrado muy inestable y susceptible ante cualquier crisis. Cuando durante el régimen franquista la industria española se especializó en la Industria Pesada, no se podía prever que cuando las empresas intentaban cambiar el carbón por el petróleo, el petróleo se encareciera y para más inri las industrias  se encontraran con un rival ante el que no podían competir, los países en vías de desarrollo.

La subida del nivel de vida español con la consiguiente subida de sueldos hizo que nuestros suelos no fueran tan apetecibles para grandes multinacionales. China, India, Brasil y los países africanos empezaban a ser más atractivos ya que los transportes y comunicaciones mejoraban año a año. El primer aumento de sueldo que se pidió en la FASA de Valladolid fue aceptado sin problemas por los directivos franceses, hoy día conseguir que la empresa se quede en España es tan difícil que hablar de sueldos se antoja imposible, siempre y cuando no sea para bajarlos.

Solo las dos cabezas del país, Barcelona y Madrid consiguieron reconvertir satisfactoriamente su industria que pasa a ser más del sector terciario (dado que se trata de dirección y no producción). El Norte de España se quedó estancado con el núcleo del País Vasco como único punto que se reenfocó por el camino correcto. Se seguía pensando en polígonos industriales cuando los parques tecnológicos eran lo que aseguraban el futuro.



Empleo temporal era una buena solución de cara a la imagen de España en un momento, los 90, en los que se intentaba ingresar en el Euro. Poco costoso, el turismo como un sector importantísimo y tras la Ley de Suelo de 1998, la construcción como solución. Las inversiones en industria se dedicaban a mantener las empresas, principalmente las grandes dado que generan un mayor empleo, pero no en reconvertir lo que ya se tenía y mejorar las comunicaciones lastradas por el antiquísimo diseño radial de las redes de tráfico.

La importancia de las empresas como potencializadoras del empleo en nuestro país es directa con el mercado de trabajo. Esto se puede ver reflejado en el PIB real que, según datos oficiales, desde los 80 hasta 2004 creció y decreció simétricamente con la tasa de población ocupada, que siempre estuvo por debajo. Sin embargo, en 2004 se puede observar un pequeño cambio de tendencia por la que la tasa de población ocupada sigue creciendo aunque el PIB real modera sus resultados. Parecía que la dificultad endémica española por crear empleos se había superado cuando llegó 2008.

Hasta 2008 el paro disminuyó. La cesión progresiva de competencias desde la Administración Central a las Autonomías supuso una gran ayuda para que en 2007 se alcanzara un mínimo histórico en la tasa de paro, 7%. Despidos en una Administración, contrataciones en 17 diferentes, aunque en la primera se conservaron puestos claves para el control y vigilancia.



El Gobierno de Zapatero había llegado a dónde ningún Gobierno desde Franco lo había conseguido y este último estuvo ayudado por la emigración. Los datos de 2007 son resultado de una política laboral continuada que buscó más los números que la sostenibilidad. Desde las instituciones más pequeñas a las más grandes, el número de contratados por autonomía  para cubrir las concesiones de la administración central aumentó de manera desigual en el territorio y regiones con las tasas de paro más altas utilizaron la nueva herramienta para maquillar sus resultados, Andalucía fue la que más puestos de trabajos creó con las mismas concesiones que cualquier otra autonomía.

Roto el saco y descubierta la fórmula secreta, los resultados dejaron de ser positivos, llegó una nueva crisis y el empleo volvió a caer. Despidos, que potenciaron la caída del consumo interno y llevaron a la quiebra a pequeñas empresas. Aún más despidos, a los que se les suma que España dejaba de recibir algunas de las subvenciones que habían incentivado su actividad económica desde Europa.  2008 fue la primera vez que España superó su récord de subida del paro, aunque desde entonces superar esta cifra se nos da bien todos los años. Se pincha la burbuja inmobiliaria y las constructoras caen en la ruina, arruinan a los bancos y los bancos arruinan a los pequeños deudores. Una catastrófica reacción en cadena y nadie tiene los núcleos de plata que se paren.

Nadie puede culpar a nadie, en tiempos de crisis es difícil crear empleo y más cuando en las últimas 3 décadas ese se ha convertido en uno de nuestros mayores problemas. Sin embargo, ahora vemos como nuestros jóvenes se están marchando a países que empiezan a salir de la crisis para encontrar un empleo. En 2011 fue el primer año de la democracia en el que España tuvo un saldo negativo de migraciones (50.090 españoles menos) y si se mantienen las previsiones del INE, hasta 2020 el dato no cambiará a mejor.



Es aquí donde la poca inversión en desarrollo e innovación de los diferentes gobiernos de la democracia ha visto su contrapartida. A diferencia de las grandes migraciones de españoles que lo hacían sin formación, la que se va ahora es una de las generaciones mejor preparadas. La inversión en Educación no ha sido rentable, los que estudiaron en Institutos, Centros de Estudios y Universidades desarrollarán con sus conocimientos países extranjeros y a cambio, una mayoría lo compensará mínimamente con la entrada de divisas.

Imposibilidad de crear empleo y sin capacidad para hacer frente a la oportunidad que presenta la oferta laboral. La crisis se perpetuará en España y el empleo se creará a base de destruirlo, llegar al mínimo y luego crecer (se cree que se superará el 27% de paro). Sin embargo, no será una buena noticia que se creé empleo porque el precio que se pagará no son solo los desahucios que acompañan los noticiarios día a día.

Una de las teorías que existe para crear empleo es el de relajar las regulaciones a la hora de la contratación y despido. Un despido muy caro podría evitar una contratación. La defensa del trabajador se olvida, cuando ellos mismos no pueden defender sus derechos, ya que o no son trabajadores o podrían de dejar de serlo pronto.

6 202 700 parados, ese es el último dato, el 26% de la población, más de la mitad de los jóvenes no trabajan. No hay una solución rápida a estos números y los sueldos bajarán como consecuencia directa de esto. En 2007 se pensaba que 1000€ era un sueldo de pobres, hoy día ganar 1000€ es un privilegio. Nada de mejorar las condiciones laborales, y si un empleado no lo acepta, el mercado te ofrece millones (6 en concreto). El coste de toda la política en empleo hasta la fecha y que nos llevará a esta situación, es catastrófico y supondrá una futura conflictividad laboral en poco comparable con la actual, en la que los sindicatos como toda institución política han perdido la credibilidad. El español en el panorama actual y salvo un milagro está condenado a la precariedad o el “exilio laboral”.
Juan Carlos Castro Simón

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