11 de mayo de 2013

EL GOBIERNO RETROCEDE


Adrián Arias Marcos/@Adri_Chygry

Si se puede adjetivar la semana que ha vivido el Partido Popular el adjetivo más adecuado podría ser intensa. La semana comenzaba con dos frentes abiertos por dos Ministros: el de Educación y el de Justicia. Wert y Gallardón, dos pesos pesados del partido que lanzaban sendos órdagos en el Congreso y a la propia cúpula de los populares. Tal ha sido la repercusión fuera y dentro del propio partido, que el PP se ha visto obligado a paralizar las dos propuestas: la ley Wert y la reforma de la ley del aborto, ambas por falta de consenso en el seno del partido.



La primera de ellas y de la que se viene hablando largo y tendido es la reforma educativa del Ministro Wert. Una reforma, que como sabemos, busca privatizar de manera sistemática la educación española (entre otras cosas) y que se ha ganado a pulso dos huelgas en todos los niveles de la educación: maestros, alumnos y padres. Desde el partido se ha insistido que la paralización de la reforma de la educación se debe tan solo a motivos internos y falta de consenso en torno a la denominada Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa. 

Desde la cúpula del partido se habría pedido un mayor esfuerzo al Ministro Wert para lograr un consenso total entre los populares y frenar nuevos estallidos de conflictos con la población. En ningún caso el Gobierno ha afirmado que el retroceso en la ley sea por causas directamente relacionadas con la huelga y la manifestación ciudadana, que en Madrid llegó a las 120.000 personas y en Barcelona las 100.000. Según los convocantes la huelga fue secundada por un 80% de los afectados, mientras que el Ministerio desciende esa cifra hasta el 20%.



Si hay un baile conocido no es el de “San Vito” ni el “Gangnam style”, el baile más famoso es el de las cifras de las manifestaciones y las huelgas de este país. Es difícil acertar a ciencia cierta y que no baile ningún número a la hora de contabilizar mareas de gente, pero en este caso un cero más o un cero menos a la derecha cuenta, y mucho. Al final con tantos puntos de información, tanto Twitter, tanto Facebook, la gente acaba pensando “si unos dicen 80 y los otros 20... habrá sido de unos 50” y así todos salimos engañados. Unos por creerse los 80, otros por creerse los 20 y otros por tener que inventarse los 50.



El otro tema espinoso por el que el Gobierno ha tenido que pasar y retroceder es el tema del aborto o la interrupción del embarazo. A Gallardón se le ha subido a la cabeza eso de querer ser el próximo líder del Partido Popular y para ello tiene que llevar a cabo políticas tan desmesuradas como la nueva reforma de la ley del aborto. Todo ello con un único fin: llegar a los sectores más conservadores de la sociedad y contar con el apoyo leal de la iglesia. Si juntamos conservadores más clero tenemos una combinación perfecta: retroceso. Gallardón no ha querido reformar la ley del aborto, Gallardón ha querido echar un pulso dentro de su propio partido y ver con qué apoyos contaba y la jugada no le ha salido del todo bien.

Y es que temas tan incomprensibles como la prohibición del aborto debido a la malformación del feto suena a chiste hasta dentro de la cúpula popular. Ya no por la salud del embrión, según los populares, sino por la propia salud de la madre, que en este caso no se está teniendo en cuenta.

Al fin y al cabo no sabemos si se trata de retrocesos obligados y de retrocesos planificados. Pues en el arte del juego y el control de los tiempos, el Gobierno tiene un doctorado. Habrá que esperar al siguiente consejo de Ministros para saber si el Gobierno acaba aplicando estas dos medidas tan polémicas. El Gobierno puede estar retrocediendo, pero el pueblo, como dijo ese amigo de la revolución “Para atrás, ni para coger impulso”.

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