22 de mayo de 2013

EL PRECIO DE LOS MITOS


Juan Carlos Castro Simón/@JimmyTurunen

La Justicia es un poder que trabaja por separado e independiente. Los tribunales, el órgano que asegura el cumplimiento del principio de igualdad bajo el que se sustenta la base de nuestro actual sistema político. Nadie debería criticar dicho sistema, ya que a pesar de que cualquiera puede ser político (en esto la ley se cumple a raja tabla), para ser juez se necesitan unos conocimientos específicos que no todos sabemos.

Marta Domínguez. Foto: Alba Rincón

No podemos criticar que un caso se prolongue hasta el infinito, aunque el presunto culpable sea uno de los hombres clave del partido político que gobierna o dirija la oposición. No sería justo que los que no sabemos de leyes, jurisdicciones y jurisprudencia proclamemos a libre albedrío una cabeza de turco cada vez que la crisis provoque un nuevo parado, la ejecución de una hipoteca o la absolución de un directivo de un banco. La instrucción (investigación) conlleva un tiempo y juzgar sin información concluye en una injusticia, normalmente en beneficio del acusado dado que en caso de duda siempre se resuelve a su favor.

Es por eso que sin pruebas objetivas no podemos degollar a un juez que decide no acusar a la mujer de un señor que pasaba presupuestos falsos a las instituciones y limpiaba su dinero con empresas fantasmas que conducían a cuentas en Suiza, pese a que la mujer estuviera en el Consejo Administrativo de alguno de esos negocios. La Justicia sigue las leyes lo más fielmente posible y nosotros, pese a que toda la legislación vigente esté publicada, no somos maestros en el tema y nos dejamos llevar por lo que dicen los medios y nuestra situación socio-económica. No somos más que  individuos sedientos de sangre acudiendo a una ejecución pública en la que se cortará la cabeza al malo de turno.



Sin embargo, como todo poder en este sistema, la Justicia también falla y se convierte en injusticia cuando los hechos avalan la corrupción o el error en el sistema que debería asegurar la igualdad,  segunda palabra del lema del liberalismo y la Revolución Francesa. La Igualdad como principio, puede comprobarse, se ha convertido en un sucedáneo con demasiados matices que llegan a implicar al mismo deporte.

En Francia, Los Guiñoles, un programa de humor, acusó a los españoles de doparse y nosotros pusimos el grito en el cielo. El error programa fue generalizar, pero lo cierto es que la Justicia española da que pensar en estos casos.

El Tour de Francia y la UCI (Unión Ciclista Internacional) no deja participar a Contador por unas gotitas de una sustancia dopante en su sangre y lo achacamos de la manía que nos tienen los franceses. El argumento más válido es un chuletón de mala calidad y los pitos a Rafa Nadal en las finales de Roland Garros.



Se desmonta una de las mayores redes de dopaje del mundo del deporte (Operación Puerto) y en un primer juicio no se puede considerar el dopaje como delito; en el segundo todo se salda con castigos menores que no requieren el ingreso en prisión de ninguno de los acusados y que para inri no supone la inhabilitación total de los médicos implicados. Además las pruebas recogidas son negadas a las agencias internacionales de los distintos deportes implicados que no pueden establecer sanciones a los deportistas que se doparon. Además, todo el material incautado por la policía es destruido.

España un país con deportistas de élite que dominan muchas competiciones como pueden ser el tenis, el ciclismo o el fútbol, es acusada en múltiples ocasiones de no tener un compromiso efectivo contra el dopaje, mientras está inmersa desde hace muchos años en las candidaturas para celebrar unas olimpiadas. Como propuesta podrían crear el estadio con forma de  jeringuilla y más con el último caso que nos afecta, uno de esos que hace que la Justicia, o en su caso, nuestras leyes, quede en entredicho.



Marta Domínguez, rubia, palentina y senadora por el PP, el estandarte del atletismo español y un símbolo de pundonor hasta ahora, fue imputada hace dos años por poseer instrumentos que inequívocamente eran usados en una red de dopaje. “No son míos, se los guardaba a un amigo” una excusa de este estilo, aunque el amigo fuera su médico, uno de los principales acusados en la Operación Puerto, fue la que utilizó la deportista que salió sin cargos del juicio.

Mientras en EEUU a Lance Armstrong otro símbolo del deporte, le hicieron confesar y redujeron toda su gloria (7 tours de Francia) a las trampas y la corrupción; en España a una senadora cuyos méritos se basan en su labor profesional en el mundo atletismo nos negamos a culparla y en caso que lo hagamos se dirá que es el deporte el que no es justo y que todos consumen sustancias dopantes. ¡Hasta la viagra está prohibida en el ciclismo!

A falta de unas leyes eficaces o su aplicación debida por los jueces (ya que según dicen la Ley Antidopaje de España es de las más estrictas) es la sociedad internacional la que debe juzgar a nuestros deportistas. La IAAF (Asociación Internacional de Atletísmo) expedientará a Marta Domínguez porque su pasaporte biológico (el registro regular de sus valores desangre) denota que se dopó en 2009 cuando consiguió el oro de los 3000 m obstáculos en Berlín.

La excusa de “se lo estaba guardando a un amigo” ahora no le funcionará a la atleta española. La IAAF sancionará temporalmente a la atleta, aunque será el Comité de Competición de España el que decida la sanción una vez se le cedan los resultados de los análisis realizados. Desde el Lazarillo de Tormes ir de pícaros siempre se nos ha dado muy bien. Sin embargo, es ahora cuando debemos decidir como lo han hecho los estadounidenses: ¿Mantenemos el mito o aprobamos un mundo gobernado por las trampas?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

creo recordar que en el momento en que se cometió del delito el dopaje no estaba tipificado, por lo que mucho no se puede hacer. no se puede aplicar una ley de 2007 de forma retroactiva. el juez, para poder condenarlos, tuvo que considerar ls muestras de sangre como medicamento. Aún así, sigue siendo vergonzoso. deberían de tratar al dopaje como al falseamiento de la competencia. al fin y al cabo compiten en mejores condiciones que los otros

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