28 de mayo de 2013

PERIODISTA WILDER

Jorge Hierro/@Shajaolana

Es uno de los mejores directores de la historia del cine y el referente clásico para cualquier amante del celuloide. Películas como El Apartamento, Con faldas y a lo loco o El Crepúsculo de los dioses pertenecen a una larga lista de obras maestras que definieron al mejor maestro de las salas de cine. Sin embargo, pocos conocen su faceta periodística explotada durante su juventud en la Alemania nazi.



La filmografía completa de Billy Wilder en relación al periodismo va más allá de sus títulos más representativos (El gran carnaval y Primera Plana), siendo importante la influencia del mundo de la comunicación al comienzo de su carrera. En 1929 escribió el guion de El repórter del diablo, un encargo del que Wilder no guarda buen recuerdo y ha tratado de olvidar diciendo que se trataba de ‘’una completa tontería’’. Poco después participaría también en la película Menschen am Sonntag, una ficción con cierta dosis de documental basada en las experiencias de Wilder como periodista y conocedor de la realidad cotidiana berlinesa.

Hablando de su experiencia como periodista, Wilder ha manifestado que ‘’me ocupaba de deportes, sobre todo de fútbol y tenis. También hice reportajes de sucesos. Era un trabajo sucio (…) tenía que levantarme a las cinco, coger el tranvía e ir a casa de los padres del asesino de turno para pedirles una foto de su hijo (…) era muy embarazoso’’. Esta sombría impresión del mundo del periodismo se vería reflejada de forma cristalina en El gran carnaval y de forma algo más suavizada por el humor (aunque igualmente incisiva) en Primera Plana.



Tanto El gran carnaval como Primera Plana guardan numerosas similitudes (podría llegar a decirse que la segunda es la versión humorística de la primera), en la que los personajes evolucionan desde la inocencia a la perversión, llevándoles hasta el límite. Esta tendencia de llevar a los personajes a los extremos ha sido muy reprochada, lo cual puede tener cierto sentido en una visión más realista, sin embargo, hay que entender que el cine de Wilder siempre se ha caracterizado por la caricatura amarga o agridulce y no por el simple retrato de la realidad. Un aspecto en el que sí coinciden tanto en la realidad como en las dos películas es el de la mediatización: Wilder subraya que los ‘’ciudadanos corrientes’’ que acuden en masa al foco del crimen son tan culpables como los medios de comunicación, puesto que la avidez del público por las noticias sensacionalistas crea un círculo vicioso, siendo los lectores o espectadores los verdaderos responsables de convertir la desgracia ajena en mero entretenimiento.

Otras similitudes patentes en los personajes de ambas películas las podemos observar en la falta de escrúpulos de Tatum en El Gran Carnaval al espetarle a su ayudante que si hubiera cincuenta serpientes repartidas por la ciudad, se guardaría una en el escritorio para mantener en vilo a la audiencia, precisamente lo que Hildy Johnson hace con el hombre que va a ser ejecutado en Primera Plana, escondiéndole bajo un escritorio.

Aunque Primera Plana está basada en una obra de teatro y no en un guión propio, Wilder consigue adaptarlo a sus propósitos y convertirlo en una genial obra más para su colección cinematográfica. Es evidente que con El gran carnaval y Primera Plana, Wilder cierra su particular ajuste de cuentas con el gremio que le vio nacer y le dejó crecer.

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