5 de mayo de 2013

Juan Navarro García/@Juan13Navarro

Ya cada vez es menos sorprendente que nos lleguen noticias de 'Yankilandia' en las cuales algún lunático se hace con armas de todo tipo y se lía a tiros para enmendar sus males, sus penas y llevarse a inocentes por delante por culpa de su locura. Pim-pam-pum. La estructura es siempre similar, todo comienza con un muchacho poco sociable que el día menos pensado se toma la justicia por su mano, se presenta en un campus universitario y dispara a diestro y siniestro. Después de llevarse por delante a decenas de compañeros en muchas ocasiones se suicida.


Es una lástima, sin duda, la cantidad de muertes que llegan a nuestros oídos a causa de situaciones así. Esto nos sorprende mucho, ya que aquí esas cosas no pasan. ''Cosas de los americanos'', que diría aquel. Sin embargo, todo esto podría solucionarse con facilidad si de una vez por todas las sociedades se decidieran a evolucionar.

¿Cómo no se van a producir situaciones así si en ese gran país de unos 314 de millones hay unas 89 armas por cada cien ciudadanos? La facilidad para conseguir armas de fuego es tal que hasta un  menor de edad, que no puede beber una cerveza hasta los 21 años, puede comprar una pistola hasta con 16 años. De locos.


De pronto, llega el día de la desgracia y el demente en cuestión desempolva el rifle y sale a la calle dispuesto a consumar su venganza contra la malvada humanidad. Las balas hacen su cometido y corre la sangre. El país, su opinión pública y por ende el mundo entero se escandaliza e investiga al máximo para honrar la memoria de esos inocentes. Las pesquisas concluyen con que el individuo era un  asocial y decidió vengarse, pero eso ya se sabe de antemano. ¿Qué tipo de persona sería capaz de llevar a cabo un horror así?

El propio presidente del gobierno deja caer unas lágrimas y emite un estremecedor discurso como si los difuntos fueran Abraham Lincoln e Isaac Newton. La parafernalia montada concluye con unas vacías palabras que aseguran que se restringirá el uso de armas de fuego y la llegada de estas al ciudadano. 

Nanay. El peso de la Asociación Nacional del Rifle (importante contribuidor en las campañas electorales de los partidos políticos) así como el miedo a verse menospreciados por los votantes hace estéril ese clamor hacia el fin de las armas.


El salto hacia la evolución, que beneficiará a propios y extraños en la 'Tierra de la libertad', no se ejecuta a causa de presiones y temores a ser los pioneros en hacerlo, lo cual es una verdadera pena. Los años pasarán sin que se tomen medidas de peso en cuanto a la facilidad con la que rifles, revólveres, pistolas y compañía lleguen a las manos de estos chalados.

Frustrados, asociales y con un arma mortífera en sus manos, pronto volverán a sucederse casos de este estilo. Sin cambios, esto será la pescadilla que se muerde la cola.

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