7 de mayo de 2013

TRES RAZONES PARA: VER PRIMERA PLANA


Jorge Hierro/@Shajaolana

El razonamiento puede ser extenso en su análisis pero bastante sencillo en su fundamento: En primer lugar, porque Primera Plana rezuma periodismo amarillo hasta la extenuación; en segundo lugar, por la idílica pareja cómica que comparten Jack Lemmon y Walter Matthau, extensible, en tercer lugar, a la dirección de Billy Wilder, ‘’testigo de cargo’’ de un infalible matrimonio interpretativo. Dos son pareja, pero con Billy Wilder tres están lejos de ser multitud.



La obra podría considerarse la menos wilderiana del archiconocido director por estar basada con lealtad en la obra teatral de los ex-periodistas Ben Hecht y Charles MacArthur, pero las pinceladas de color que otorga Billy Wilder en la gran pantalla muestra una caricatura inequívoca del periodismo miserable que inunda la crisis del 29 tanto o más que la actual (casi un siglo después).

Para el sustento del film, existen dos magníficos actores con percha suficiente para vestir con elegancia y solvencia el expresionismo propio de Wilder: Jack Lemmon y Walter Matthau. El segundo por su original semblante bonachón a la vez que gruñón, en contraste con los rasgos del primero, tierno, torpe y entrañable. Ambos se apoderan de la pantalla interpretando dos personajes que, aunque sólo les une una relación profesional, ésta parece siempre venir de más allá.
Tanto Lemmon como Matthau deleitarán en más ocasiones al público con dúos imborrables de la historia del cine en otras películas como: En bandeja de plata; Aquí, un amigo (ambas bajo la dirección de de Billy Wilder), la extraña pareja (dirigida por Gene Saks) o la que sería el epílogo de sus participaciones conjuntas en un mismo film, la secuela dirigida esta vez por Howard Deutch (la extraña pareja, otra vez) hace ya 15 años.



La estrecha relación que une a Billy Wilder con el periodismo nace desde los orígenes profesionales del difunto guionista y director. En sus inicios en el mercado laboral, trabajó en diversos periódicos en Austria y Alemania, hasta que finalmente tuvo la posibilidad de escribir guiones para películas. El vivo expresionismo de sus films es, casi con toda seguridad, reducto del imperante expresionismo alemán a principios de los años 30. Es por ello que el director de otras películas vinculadas al mundo de la comunicación (como El gran carnaval) sirva de referente ejemplar a la hora de plasmar en celuloide con fidelidad la esencia del periodismo de la época.

La combinación de estos 3 pilares (intrahistoria, interpretación y dirección) facilitan la labor de decisión a la hora de analizar una película entre una lista que supera la veintena de títulos. La única dificultad era elegir entre las 27 dirigidas por el genio de sombrero y gafas de pasta, es casi imposible encontrar una película mediocre de Billy Wilder, tanto como encontrar algún director que pueda hacerle sombra en la cultura del pelotazo imperante hoy día.


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