24 de junio de 2013

DEMOCRACIA LITERARIA

Juan Navarro García/@Juan13Navarro

Siempre me he dicho que los lugares con más democracia son los quioscos y las librerías. Allí uno puede invertir su dinero en aquello que le apetece leer, guiándose por el propio pensamiento, gustos o impulsos. Nadie nos dice lo que tenemos que comprar o dejar de comprar y si nos decantamos por un diario u otro o por las obras de Federico Moccia en vez de la pluma de Gabriel García Márquez, estamos en plena libertad para hacerlo.



La literatura. Un arte que con la capitalización del mundo que conocemos ha pasado a ser un negocio. Atrás quedaron los tiempos en los que un escritor plasmaba sobre papel los frutos de su sesera a ver si con un poco de suerte al vulgo le interesaba y sacaba unos cuartos para ir tirando. La deshumanización que avanza imperialmente por la esfera actual no es tan benévola, pues ha infectado un  rincón cuya virginidad los puristas siempre anhelaron: la literatura.

Basta con hacer memoria y visitar de vez en cuando los escaparates de una librería para cerciorarse de que ya no leemos lo que queremos, sino que existe un mercado que controla la producción literaria. No hay más que observar el fenómeno de 50 Sombras de Grey. El éxito de esta novela erótica (que ha bebido del Romanticismo del s. XIX) ha sido tal que las damas y señoritas suspiran por un Christian Grey que satisfaga sus ocultos deseos. A raíz de su alcance internacional han surgido múltiples palmeros impulsados por editoriales que aprovechan el tirón para ofrecer títulos cuyo valor literario no merecería la publicación pero están avalados por los millones de ejemplares que este género ha colocado en estanterías de cualquier lugar del globo.



Igual sucedió hace unos años con el fenómeno de Dan Brown. Gracias a sus conspiraciones en el seno del Vaticano este tipo de literatura ha dado mucha guerra por los estantes en cuanto a ángeles caídos, esbirros malignos en la Santa Sede o tramas detectivescas bajo las obras de Miguel Ángel. ¿De verdad los escritores que aprovecharon este tirón engendraron obras con suficiente valor literario? Me apena pensar en otros ilusionados autores cuya obra, alejada de estas espirales, no vio la luz debido a que su temática ''no se llevaba'', por mucho que su escritura mereciera el máximo pedestal en cualquier librería de barrio o las más pulcras y pedantes boutiques de literatura.



Supongo que el papel del dinero le ha ganado la batalla al que contienen los libros, que el olor de ese poderoso caballero ha batido en duelo al encargado de transportarnos a otras épocas y lugares. Por fortuna, la democracia de las librerías aún no ha sido vencida por completo. A pesar de no ocupar los escaparates, las grandes obras de la literatura internacional jamás abandonarán las estanterías mientras esperan alguien que no se deje engañar por las sugerentes obras de moda y las rescate del polvo al que las editoriales actuales parecen querer recluir.

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