29 de septiembre de 2013

INCERTIDUMBRE


Por desgracia, todos conocemos a alguien. Personas honestas que debido a una mala gestión económica, por su relación de confianza o amor-odio con los bancos y cajas, o por razones diversas, se han quedado sin sus hogares. Personas como tú y como yo que no hemos corrido esa mala suerte pero que nos lamentamos, una vez más, ante la situación actual. 

Situación propicia para críticas y para cambios, para ocupar un vacío representativo que huye de lo tradicional pero que en mi opinión, se queda cojo. Un espacio que ha aprovechado con excelencia Ada Colau, fundadora de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y que visitó el pasado miércoles Valladolid para participar en una conferencia en el Ateneo Republicano. No asistí, he de confesarlo. Pero eso no limita que la incertidumbre empañe el buen hacer de nuevos líderes sociales. El qué pasara, la desconfianza, el cansancio y la corrupción generalizada.


La evolución de las TIC y de las herramientas de participación a través de la Red han permitido que el conjunto de la sociedad esté presente en aspectos antes reservados a una minoría. Esta minoría, los representantes políticos, obtenían su legitimidad a través de los procesos electorales y su control lo ejercían otros de su misma posición o, en casos de excepcional gravedad, agentes externos, la clase política de organismos superiores como miembros de la Unión Europea o participantes en otros tratados internacionales como la Organización de las Naciones Unidas.

Sin embargo, el paso del tiempo y la evolución de Internet han roto la estructura tradicional de las formas de poder en relación con las masas. Aquella masa que se limitaba a ejercer su derecho a voto cada cuatro años, se ha convertido en una masa mucho más crítica –sobre todo si tenemos en cuenta la actual situación económica y la degradación de la clase política–. Una sociedad activa que huye del concepto de “hombres masa” de Ortega y Gasset, capaz de interferir en la agenda política y en las agendas setting de los medios de comunicación. Estatus que han conseguido gracias a redes sociales como Twitter y en algunos casos, aunque aún sea un supuesto poco desarrollado, a través de la participación que nuevos medios de comunicación digitales permiten. El germen de una reorganización de medios y políticos, que han ignorado durante mucho tiempo a aquellos a los que representan, y que están viendo sustituidas sus posiciones de liderazgo por una renovada figura de líderes sociales. Representantes de multitudes heterogéneas que han unido opiniones gracias a la denuncia de injusticias y abusos de las clases políticas. 


Nuevas formas de actuación divididas en varias fases: movilización de masas a través de redes sociales, muestra de descontento a través de manifestaciones y revueltas que, en algunos casos, adquieren pragmatismo infiriendo en el "juego de la democracia" ya que han sabido captar los mecanismos que la legalidad ofrece. Un claro ejemplo es el caso ya mencionado de Ada Colau líder social que se muestra a favor de la dación en pago, que ha gestionado las redes sociales y los medios para dar a conocer su propuesta y para movilizar masas y conseguir su objetivo: firmas ciudadanas para la Iniciativa Legislativa Popular, evolución de las campañas políticas tradicionales de captación de votos.

Una nueva representación sin representación democrática más allá de cambios de agendas y presentación de firmas. Un punto de partida empapado por la incertidumbre en los métodos de acción que, tras varios años de vida, parece que resulta insuficiente ante las férreas estructuras fraguadas durante décadas, desde la Transición Española. Varias posibilidades de influencia de ciudadanos en los procesos democráticos que los más escépticos definen como una pérdida de tiempo y que el hartazgo de algunos sectores de la sociedad divisan como posible solución a la crisis política, económica y moral.

Un punto de partida, de incertidumbre, que quizá derive en una sociedad más justa con una nueva figura de ciudadano-representante que, si surte efecto, corre el riesgo de caer en la misma relajación que ha degradado la figura del político tal y como hoy la concebimos, desde su pedestal. La evolución del líder social, del ciudadano-representante, en ciudadano-representante-acomodado en su pedestal.

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