3 de octubre de 2013

CUALQUIERA PUEDE SER PERIODISTA. O NO

Elena G. Castañón/@Helen8392


Todo aquel que estudia periodismo, en gran mayoría debido a una fuerte vocación, ha escuchado en algún momento bromas respecto al poco esfuerzo, trabajo, incluso inteligencia que, en teoría, requieren las asignaturas que cursan y su correspondiente superación académica. Este tipo de comentarios, que suelen herir el orgullo de los alumnos aspirantes a periodistas, plantea una serie de interrogantes sobre los que reflexionar, que derivan de una cuestión central: la necesidad o no de un título universitario que acredite la condición de periodista de aquel que lo posee.

Viñeta de Julio César González Quiceno, "Matador"

En primer lugar, todo el que pretenda ejercer como informador en un futuro, debe tener en cuenta que además de por superar los créditos anuales, su formación pasa por nutrirse de todo aquello que aprenda fuera de las aulas movido por su innata curiosidad, sin que esto quiera decir que de las clases, apuntes, profesores y compañeros no pueda extraer enseñanzas valiosas difíciles de adquirir a través de otros medios. Por otro lado, cualquier persona que goce de la vocación periodística y no dedique cuatro años de su vida a la educación universitaria puede estar capacitada para ejercer como profesional en un medio de comunicación sin problema y con rigurosidad. Periodistas reconocidos como Carles Francino, Angels Barceló o Carlos Herrera no finalizaron sus estudios; a pesar de ello, nadie duda de su profesionalidad. Entonces, ¿qué diferencia a aquel que es periodista de quien no lo es?

La Constitución española reconoce en su artículo 20 el derecho a informar y ser informado, pero aquí es donde termina la regulación referente a la profesión periodística existente en nuestro país. Además, este apartado constitucional se extiende a todos los ciudadanos, no únicamente a los profesionales de la información. Otros países, como Francia, Italia o Portugal cuentan con un Estatuto Profesional del Periodista, mientras que en España, todos los intentos de elaborar y aprobar un texto de este tipo han resultado fallidos.

La necesidad de delimitar la parcela del periodismo no pasa exclusivamente por acabar con el intrusismo laboral, sino por definir y otorgar a los profesionales una serie de derechos y deberes que protejan, por ejemplo, la cláusula de conciencia o el secreto profesional, además de asegurar un periodismo veraz, crítico y fiable. Todo ello destinado a recuperar la función social que esta profesión debe cumplir sin condición en una sociedad democrática, a reparar su imagen dañada que individuos carentes de toda ética y profesionalidad han infundido en la población y a recuperar la confianza de ciudadanos que buscan verdades.

Lema de la FAPE, lanzado en 2012


Dado el momento que vivimos, se antoja indispensable utilizar el periodismo como arma contra el abuso de poder y como método de denuncia de las injusticias que cada día afectan a la sociedad. Esto solo será posible con profesionales cualificados que tengan claros los límites morales de la profesión, sirviéndose de su vocación para hacer del periodismo un oficio digno y respetable como cualquier otro. Porque sin periodismo no hay democracia.

2 comentarios:

Víctor dijo...

Parra al aparato! Lo que hace falta qes que la carrera no sea la mierda que se estudia actualmente en las aulas y que los recién licenciados/graduados acepten colegiarse para hacer fuerza. He dicho.

Elena G. Castañón dijo...

Amén. Si la carrera tuviese el valor y la calidad que debería tener y algunos periodistas no menospreciasen su propio oficio en ocasiones otro gallo cantaría.

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