23 de octubre de 2013

CULTURA A 2,90€

Pocas veces la cultura española ha tenido tanto que celebrar. En la llamada Fiesta del Cine acudieron a las salas asociadas colas. Los cines se abarrotaban de gente que para ver una película había llegado a pagar nueve euros y gente que, durante los últimos años, habían optado por la vía más económica, la piratería. Pero los dos últimos días las salas de este país se llenaron de personas que, por el precio de 2,90 euros, querían volver a ver el séptimo arte en su templo.






Porque el cine sigue gustando. El problema de las salas vacías y del cierre de las mismas es el precio de la entrada. Una familia de 4 personas se llegaba a gastar 40 euros -entre peli y palomitas, que también tienen la culpa- en una noche en la gran pantalla. La sostenibilidad no era el objetivo de estos precios. Al menos, no era el objetivo la sostenibilidad de las familias.

Y es que, tanto el IVA al 21% -por el concepto de cultura que tiene el señor Wert- como los gestores de las salas no se han pronunciado para ayudar al espectador nunca. Y menos, en estos momentos de horas bajas del arte audiovisual. Cuando la gente empezó a cambiar el pantallón por el ordenador fueron ellos los que expulsaron a los últimos fieles de la butaca subiendo los precios. Si sigues yendo al cine pero te sangran, decides no ir.


Por eso, habrá que buscar la forma de que el cine pueda seguir. Está claro que el IVA al 21% sobra. Y más cuando existen otras cosas que no son cultura con un impuesto mucho más reducido. Pero también centrarse en que el precio de 4 euros, con la sala llena, puede ser les a las empresas mucho más rentable que 7 euros y solo diez entradas vendidas. Porque la gran pantalla sigue gustando y mucho.

La Fiesta del Cine, en su segundo año, solo se puede calificar de éxito y es que no se recordaban colas tan largas desde Lo Imposible. La cartelera en estas semanas no recoge en estrenos ninguna de las películas llamadas a competir por una estatuilla en los Oscars o que hayan sido acogidas con aplausos entre la crítica, sin embargo el público ha respondido. Existe oferta, existe demanda, lo que parece que es imposible es un acuerdo entre ambas, mientras las descargas siguen creciendo de manera alegal.

Las salas es difícil que puedan mantener el precio de la entrada a 2,90 euros. Ofrecen cultura, industrializada, pero cultura, algo que se agradece con muy pocas ayudas y más trabas. La supervivencia de productos caros en tiempos de crisis se ve comprometida, a lo mejor la solución no son los 2,90 euros pero lo que está claro es que no son los 9.

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