26 de octubre de 2013

LA NECESIDAD DE CRÉDITO

Juan Carlos Castro/@JimmyTurunen

Cuando algunos de los indicadores económicos empiezan a reactivarse el Gobierno ha puesto su ojo en el crédito, que sigue sin fluir y seguirá, según las predicciones durante 2014.

Bólido

Los recortes del Gobierno durante los dos últimos años han sido muy duros y han llevado a la población a sus límites, una manera atroz de enfriar la economía acostumbrada a tiempos mejores hasta 2008 y agravada por esa manía que tienen los políticos de ocultar los problemas en periodos electorales.

Parece que la economía española ya ha tocado fondo y los indicadores empiezan a intentar cambiar su tendencia a la caída. El paro aún por encima del 25% lleva dos periodos seguidos sin aumentar, primero se redujo en 31 personas y ahora por el verano, con los trabajos temporales ha disminuido en 72.800 personas, muy pocas comparadas con los 5.904.700 que siguen haciendo colas a las puertas de las oficinas del Inem repartidas por el territorio nacional.

El crédito, uno de los indicadores que sirve para saber si las leves mejoras en macroeconomía han tenido su efecto en el día a día de una población que se ha acostumbrado a ahorrar y a respirar con el cinturón apretando el ombligo contra la espalda, sigue igual.

Los préstamos a pymes y familias siguen cayendo aunque su caída se ha desacelerado. España es uno de los países de la UE donde es más difícil obtener un préstamo. Tanto Salgado como De Guindos han intentado rebajar las condiciones, pero no han sido capaces.

Que el crédito fluya es algo que se antoja necesario para que la recuperación económica pase de las estadísticas a la calle, si no es así nuestra situación se volverá a ver en entredicho y todas las medidas impuestas no habrán alcanzado su objetivo. Volveremos a una época de recortes, manifestaciones y revueltas, mucho más complejas que las que ha habido ahora, pues cuanto menos tenga la población, menos temerá perderlo.

Por culpa de las rígidas condiciones de crédito las pequeñas empresas se ven abocadas al cierre ahora que la crisis llega a una fase en la que la salida se ve más cerca y la inversión empieza a ser viable, las deudas gobiernan este sector con menos posibles y voz que las multinacionales. Así los prestamos a las familias son la única forma de que se mejore, de alguna forma, el consumo interno que se desangra por las puñaladas que se le han asestado con cada recorte social.



Si las mejoras económicas a gran escala no se traducen en un descenso del paro, un aumento del consumo interno y un notable cambio de curso dentro de los comportamientos de la sociedad española, los mercados volverán a condenar a España, ya que estos aunque se fijen primero en los números, también controlan el día a día de la población.

Dependemos de un agente histriónico que se mueve por pulsaciones o feelings muy difíciles de controlar. El mercado juzga las medidas promulgadas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy (decretos-ley), el camino escogido ha sido el más duro posible y su final aún es incierto, cualquier indicador que ponga en duda la recuperación retrasará el proceso y lo condenará a nuevas medidas socialmente restrictivas. La corrupción o la dificultad que existe para que fluya el crédito son problemas muy graves que hay que solventar antes de que llegue el examen final.

De momento, ni siquiera el Banco Santander – el de Botín – y el BBVA dan esperanzas para que la recuperación del crédito se recupere, la normativa aplicada es demasiado rígida. Las previsiones del Gobierno no contradicen a la Banca y quizá es el momento de forzar a las entidades financieras, las que rescató el Estado con los impuestos de todos, a que además de recibir repartan, porque sino el sistema escogido no funcionará y buscará otra vía, como los mercados secundarios de deuda para recuperar la actividad de la pymes, que generan una parte muy importante del trabajo de nuestro país.

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