10 de octubre de 2013

Lucía G. Carretero/@LGCarretero 



¡Oh el Mediterráneo! Esa sensación de paz y tranquilidad que nos transmiten cada año los anuncios publicitarios de cerveza. El verano, el mar, las fiestas improvisadas en buena compañia donde chico conoce a chica. Pero el Mediterráneo no es solo eso, también es Lampedusa y su tragedia. Porque cuando termina el periodo estival, ya nada, ni si quiera el mar de Serrat, es tan benevolente. 

Según datos oficiales, hasta ayer se han rescatado 302 víctimas mortales, personas como tú y como yo que, desgraciadamente para todos, no corren con la suerte de los ciudadanos europeos. 


Desgraciadamente para ellos, los que trataban de huir de Libia, de la guerra civil fruto de la represión estatal a movimientos sociales políticos y de la geopolítica exterior. Inmigrantes que ya lo eran en Siria, de donde partieron. Ya se sabe, si hay recursos que explotar, a todos nos interesa defender los "derechos humanos" que allí se vulneran. Los mismos derechos humanos que la política migratoria de la Unión Europea obvia a favor de intereses económicos y políticos. Ejemplo de contradicción.

Desgraciadamente para nosotros los europeos. La doble moral de llorar al muerto y hacer llorar al vivo. Funerales de Estado para los muertos, que descansan en sus féretros blancos cortesía de impuestos europeos. Pero no se preocupen, estamos en crisis y por lo tanto la cuantía económica invertida en este último adiós anónimo –no se conoce la identidad de la mayoría de las víctimas– no supondrá un grave trastorno a nuestras cuentas. Ya se encargan de multar a los supervivientes. Paradojas de la vida.


En este caso es Libia pero hace unos años, cuando España se antojaba como la tierra prometida, la de los campos proporcionadores de trabajo para inmigrantes ilegales como jornaleros, era Marruecos, Túnez o cualquier país africano. ¿Cuántas veces hemos escuchado "el naufragio de una patera", "cientos de inmigrantes llegan a las costas andaluza y canaria" o "la Cruz Roja ha atendido al grupo de senegaleses entre los que se encontraban mujeres y menores"? Muchas. Y las que nos quedan por escuchar.


2 comentarios:

Nacho dijo...

Yo hubiese relacionado este discurso monopolizado por los media de los "inmigrantes en Italia" (como ya se hizo con "los inmigrantes en Francia") con los esfuerzos que se llevan a cabo en España para limitar el acceso a los inmigrantes procedentes de África: Los muros levantados en Ceuta y Melilla, y las actuaciones de maltrato de los policías... Digo que lo haría porque por una parte, los medios deslocalizan el problema , y por otra, nos hace caer (no siempre, pero sí muchas veces) en la dinámica de que los medios nos marquen sobré qué debemos o no hablar.

Anónimo dijo...

También tenemos doble moral nosotros. Si les dejamos entrar, que nos quitan los trabajos al aceptar trabajar en condiciones indignas y nada ventajosas para un español. Si no les dejamos entrar, que hay que ver, qué malos somos. ¿En qué quedamos?

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