22 de octubre de 2013

LOS CORTOS DE SEMINCI EN LA UNIVERSIDAD

Juan Carlos Castro/@JimmyTurunen

El cortometraje es un género cinematogŕafico que se has considerado menor en incontables ocasiones. El equivalente a los cuentos en el mundo del fotograma se ve menospreciado y muchos olvidan que el inicio de los más notables directores se encuentra en este mundo.



No ha sido de otra forma en la 58 edición de la Seminci, la fiesta del cine de Valladolid, donde el concurso Castilla y León en corto ha sido expulsado de las salas de cine y ha tenido que conformarse con el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho de la UVa, casa de la Cátedra de Cine. El lugar no estaba tan bien equipado como lo puede estar una sala, cosa que se hizo notar en el audio y las sillas, mesa y atril que dejaban ver su contorno en la parte inferior de la pantalla.

Pase gratuito y directores de la región o relacionados con ella: todo indicaba el lleno absoluto. De hecho, a falta de sillas, las repisas de las ventanas y las escaleras sirvieron de asientos, algo que hizo que algunos de los asistentes se sintieran agobiados y tras el tercer corto comenzaran a abandonar la sala.

Fuera de contextualizaciones lo que se vio en la gran pantalla, lo importante, fue digno de un festival, que pese a que en sus comienzos fuera religioso, se ha distinguido por el cine de autor. Cinco cortos, menos que en otras ocasiones, pero todos de notable calidad se sucedieron tras una breve introducción por parte de los directores.


3665 (Miguel Ángel Refoyo)




En un mundo postapocalíptico donde la lucha por la supervivencia ha hecho que el presente sea lo más importante, unos pocos se dedican a recuperar objetos y recuerdos de la época pasada, único futuro tangible para la nueva civilización.

Se trata de una historia sin apenas palabras, pero en la que los sonidos juegan un papel importantísimo para los personajes, ya sea el mar encerrado en una caracola, el disparo de una escopeta o el sonido de una caja de música. Tampoco faltan malos con capacidades de predators o zombies en los quince minutos de duración que no se hacen largos.


¿Demasiado Corazón? (Jorge Villa Romero)

Fotos: Imágenes promocionales de Seminci

Humor español al más puro estilo. Un hombre soltero al que su salud le trae sin cuidado y tiene por médico a Leo Harlem conoce a una mujer de mucho carácter. Las relaciones de pareja en publico y en privado se convierten entonces en el tema del cortometaje, narrado desde una tumba cosa que se desvela en el inicio del mismo.

Las carcajadas y los aplausos irrumpieron en el Aula Mergelina, que no ofrecía la mejor acústica e hizo que algún diálogo se perdiera entre sus paredes sin llegar a todos los tímpanos de los presentes.


Los Dinosaurios Ya No Viven Aquí (Miguel Ángel Pérez Blanco)



Quizá el más complejo de todos los cortos y de una indudable factura técnica. Melancolía, dolor y la incertidumbre de no ser suficiente para la persona a la que amas. Desde la pasión de una niña por los animales la historia deriva al relato de niños que en una rabieta decidieron escaparse de casa, pero que tras un día a la intemperie de una forma u otra volvieron a su casa.

Desenfocados y mucho diálogo, a veces sucesión de monólogos. El amor a los perros de Miguel Ángel Pérez se ve reflejado en un labrador, personaje secundario y entorno al cual gira la historia que se alarga demasiado en el retrato que hace la cámara del paisaje.


El Lado Frío de la Almohada (Herminio Cardiel)



Una noche de fiesta conoces a una chica, la llevas a la habitación de un hotel y, de repente, las inseguridades toman el control y todo se detiene. Como Shrek se esconde tras capas de cebolla nosotros nos ocultamos tras una férrea coraza, que solo el tiempo y el cariño pueden desarmar.

Una situación que muchos de los presentes en la sala han vivido en alguna ocasión y que Cardiel ha conseguido retratar con humor y precisión, algo que el Aula Mergelina agradeció con su aplauso.

Lo Sé (Manuela Moreno)



Buscar el amor es una tarea ardua, más si vives obsesionado con la chica de tus sueños, la vecina del piso de enfrente, y tienes una de esas caras que no se pueden distinguir entre la multitud.

Sabes que el Destino no quiere que conozcas a esa mujer, tu obsesión se vuelve enfermiza y pese a que intentes compartir gustos con esa chica, ella sigue siendo imposible. Manuela Moreno, la única extrajera del pase (madrileña), crea con la ayuda de Rafa Ordorika, actor principal, el personaje perfecto: mediocre, patético y simpático; la única forma de convencer al público en otra historia que alarga algunas de las escenas buscando la conmiseración y la carcajada de los presentes pero solo consiguiendo la primera.

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