14 de octubre de 2013

LOS QUE NO PUEDEN VOLVER

Berta Pontes/@BertaPontes 

Mark Lanegan dice en su canción Feel like going home: “estoy cansado, solo quiero irme a casa, pero los cielos nublados se acercan y no tengo ningún amigo cerca que me ayude”. Este artista, compositor y cantante se basa para la obra en una pieza de música negra de los años veinte en la que se describe la segregación racial del momento. Una letra profunda que no me ha recordado a cuando estoy lejos de los míos y quiero volver con ellos, sino a la gente que no puede volver a su casa aunque ese sea su deseo.

Una mendiga junto a una niña| Cgranieri
Hace tiempo iba por el Paseo Zorrilla y vi un hombre sentado en el suelo con un cartón en sus manos. Llevaba escrito ‘dinero, por favor’ y suplicaba a los peatones que le dieran algo. Cualquiera ha visto en la calle mujeres pidiendo dinero y hombres sentados en cajas de fruta sosteniendo la foto de su familia diciendo que no tienen recursos para alimentarla. Cuando vemos esto la mayoría de nosotros pasamos por delante sin pararnos a pensar en el por qué de esa situación. No pensamos en los motivos que les han llevado a humillarse públicamente, sino que vamos con nuestros aparatos de música a todo volumen para evadirnos de todo. No nos agrada ver situaciones así o simplemente nos son indiferentes.

La mayoría de las veces son personas que no tienen recursos económicos y piden para ellos o sus familias, pero otras no. Te acercas a ofrecerles un algo de comer y no lo cogen, y te dicen que lo que necesitan es dinero. Esto se debe en ocasiones a un negocio sucio que va por detrás del acto de mendigar en la calle: las mafias. Se dedican a sacar personas de su país de origen, en el cual no tienen prácticamente nada, y traerlas a España con el sueño de, al menos, poder llevarse algo a la boca.

Les engañan y les hacen pagar cantidades ingentes de dinero para poder venir aquí, y cuando llegan se ven obligados a sentarse encima de un cartón y poner cara de pena. Las mafias se encargan de alimentarles, pero todo el dinero que consiguen en sus diez (e incluso más) horas de 'trabajo' va para los jefazos de estas organizaciones, sin permitir a estas pobres gentes tener una vida digna.

Poca gente, por no decir nadie, se preocupa y se acerca a hablar con ellos. Lo único que hacemos es pasar por su lado, echarles un vistazo y agradecer que no estamos en la misma situación: lejos de nuestra familia, sin poder volver a casa.

Mendigo tailandés | Martingarri

Con esto quiero dar constancia de hechos que yo misma he presenciado en mi ciudad, Valladolid, a horas comunes. De hechos que al verlos te estremeces y ruegas que nunca te toque a ti estar en esa situación. Pero, imaginad que a todos esos estudiantes que no encuentran trabajo en España y se van al extranjero les tratasen así. ¿Qué haríamos? ¿Cómo reaccionaríamos si al llegar a Alemania nos viésemos obligados a mendigar y no tuviésemos dinero o motivación para volver aquí, o no nos dejasen volver por vernos involucrados en un problema como el que se vive aquí con las mafias?

Mi madre siempre me dice que trate a los demás como me gustaría que me tratasen a mí. Es difícil ponerse en su papel y mucho más ayudarlos, pero si todos colaborásemos, no sería tan complicado sacar a estas personas de una vida tan mísera y darles la oportunidad de volver a casa con sus familiares y amigos para que los ayuden a superar su tragedia. Ayudarlos o, al menos, contribuir a que recuperen su antigua vida. Esa vida de la que un día huyeron pero que ahora echan de menos. La vida de los que no pueden volver a su casa.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien Berta, totalmente de acuerdo. (Soy Sara)

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