28 de octubre de 2013

ODIO ETERNO

Una semana después de que la doctrina Parot –o al menos su principio de retroactividad- fuese anulado por la Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo, la noticia sigue coleando. Lo último fue el domingo, con la manifestación de la AVT a la que, según la organización, acudieron 200.000 personas. En esta “manifa”, la única aplaudida por los diarios más rancios de las tantas que Madrid acoge cada domingo, la asociación de víctimas pidió Justicia con los terroristas.

Sin entrar en la cantidad de gente que la AVT dijo que asistió a la manifestación, y que por una vez los medios tomaron por buena, el recorrido recibió votantes del ala derecha del PP. Esa franja de votantes que en otros países de Europa hubiesen seguido a otro partido diferente. Entre tanto conservadurismo y familias descompuestas por un dolor racional, los manifestantes clamaron Justicia.

Sala de vistas del Tribunal de Estrasburgo / Wikipedia

Pero lo que España quiere no es Justicia. Estoy seguro de que si se diese la posibilidad de poner a los etarras al paredón, una gran mayoría de españoles no se lo pensaría dos veces. Porque el odio engendrado durante tantos años de terrorismo, que es natural que persista en las familias de las víctimas, se ha hecho extensible al resto de la población. Un odio que, ni construye futuro, ni honra el pasado. Un odio que hace que una gran parte de la población se sienta indignada por verse obligada a cumplir los Derechos Humanos como Estrasburgo dicta.

Por eso, nunca se debió permitir a las víctimas tomar parte en la política al igual que no se debe dejar que los padres de los etarras torturados o asesinados sean útiles para una causa. Porque padres, hermanos e hijos hay de los dos bandos. Unos más buenos que otros. Pero, al fin y al cabo, personas a las que un conflicto político les ha arrebatado a sus seres más queridos.

Pancarta exhibida en una manifestación de la AVT en noviembre de 2006 / Wikipedia


La doctrina Parot fue un fallo del Gobierno de turno. No por intentar meter al que se lo merece en la cárcel el máximo tiempo posible, sino por hacerlo de una manera que ni nuestra Constitución permite. Y es que hubiese valido la pena anularla en España solo por evitar desaguisados como el que el lunes pasado Estrasburgo nos hizo comer. Porque la retroactividad no es Justicia. Y porque gran parte de España solo clama venganza.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra opinión: http://paralalibertad.org/no-hubo-irretroactividad/
del palentino Julián Sánchez Melgar, magistrado de la Sala de lo Penal del Supremo.

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