27 de octubre de 2013

TÚ ESPÍAS, YO CONSPIRO

Lucía G. Carretero/@LGCarretero

¿Qué puede tener la fuerza suficiente para que Francia y Alemania, historicamente archienemigas, aunen sus fuerzas? ¿Qué extraordinario acontecimiento puede debilitar la grandilocuente imagen de Barack Obama y de EEUU tierra de libertad y esperanza?
En un mundo de globalización e instantaneidad, donde la base de su ejecución no reafirma el afán de solidaridad y hermanadad del cual los Estados presumen, la conspiración está a la orden del día. Pobres ilusos aquellos a los que ha sorprendido que la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU espíe a 35 líderes mundiales según The Guardian, bienaventurados aquellos que confían en la seguridad de sus documentos en red, de sus emails a profesores sobre el TFD, de sus mensajes de Whats App referentes al botellón de esta noche. 

Una línea de actuación que los más conservadores defenderán con argumentos a favor de la seguridad internacional, de la detección de posibles atentados y para soslayar las dificultades de la Goma-2 (atención esta entrada del blog será revisada por contener la palabra explosiva Goma-2). ¿Pero qué pasa con nuestra intimidad? ¿Dónde ha quedado la inviolabilidad del correo y el derecho a decirle a tu amiga estoy haciendo pis mientras hablo por teléfono contigo? Obviamente esta información no sería relevante para los espías, lo que no exime de que no sea leída o escuchada.


Aún España no sabe si EEUU y los demás conocen el día a día de Zapatero o de Rajoy y tratarán de conocer el alcance de las informaciones del diario británico cuando se reuna con el embajador estadounidense James Costos. Pero los que sí lo conocen muy bien son Merkel y Hollande, que reaccionaron con un "totalmente inaceptable".  Con una indignación más moderada que Dilma Rousseff que postergó en septiembre su viaje a Washington. Un buen plantón con base en el espionaje empresarial.

Pero lo entristecedor del tema radica en el espíritu de supercación en el sentido más peyorativo de la palabrá. Qué importa que EEUU espíe, que importa que la sociedad baile al son de las letras de un teclado, de los códigos reflejados en miles de pantallas de ordenadores potentes. Lo que jode, perdonenme la expresión, es que otros sean superiores. Que la tecnología europea y del resto del planeta sea muy inferior a la estadounidense, que nuestros sistemas operativos de espionajes sean una triste evolución de los que la NSA utilizó hace 10 años. Porque los derechos y libertades son un nimio espejismo al lado de la superioridad. La información es poder, lo importante no es quién espía puesto que todos tratan de hacerlo, sino quién espía más a quién.

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