29 de noviembre de 2013

LA CARA OCULTA DE MI LATA

Clara I. Bozal /@ClaraBozal

Eva, Víctor, Miguel, tu padre e incluso tu novio o novia han sucumbido al poder del marketing de una de las compañías capitalistas más importantes del mundo. Hablamos, por supuesto, de Coca-Cola Company con su campaña de personalización de latas y botellas de Coca-Cola que le ha llevado a aumentar las ventas de esta bebida un 13% según explicó la empresa. Parece increíble cómo un pequeño cambio en el envase de la bebida más conocida del mundo evitase frenar el descenso de ventas de latas en España, que había alcanzado el 8% estos últimos meses con esta sencilla medida.


Coca-Cola se empeña en demostrarnos continuamente que somos extremadamente simples. ¿Por qué ver nuestro nombre en un producto nos impulsa a comprarlo? ¿Por qué su anuncio de navidad para televisión es tan esperado? ¿A quién se le ocurrió convertir una campaña televisiva en una oda al chihuahua? Y lo peor de todo, ¿por qué somos incapaces de olvidar esos anuncios?

Nadie se cree que esta bebida sea buena, pero pocos pueden poner la mano sobre el fuego y decir: “yo nunca he bebido una”. Popularmente, la Coca-Cola se ha empleado en muchos hogares como medicamento contra el dolor de estómago, para limpiar las ventanas o para desatascar las tuberías. Personalmente, a veces dudo por qué debería beber un refresco capaz de acabar con el óxido o de limpiar sartenes, pero siempre peco.


Las críticas a la bebida más comercializada del mundo son abundantes. Se habló de su alto contenido en azúcares y se inventaron las versiones light y Zero. Esta compañía parece tener solución para todo lo que se le eche encima. Es capaz de silenciar las voces que gritaban que la lucha entre sindicatos y la Coca-Cola Company fue la culpable del asesinato de cinco sindicalistas (en el 2002), del secuestro de decenas de trabajadores, del despido masivo de empleados (sin indemnizaciones) para sustituirlos por subcontratas y de la explotación de los acuíferos, según han publicado medios como rebelion.org.

Personalmente, no tengo la suerte de que “Clara” aparezca en los envases de Coca- Cola, sino habría sucumbido y ahora en mi estantería, como parte de la decoración habría una ridícula lata. De momento no necesito leer una lata para saber quién soy, ni que me recuerde en lo que creo, ni en lo que quiero creer.

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