9 de noviembre de 2013

LA SEMANA DE LA PASIÓN


Aviso: este artículo es el más personal en este blog escrito. Basado en hechos reales. Abtenerse intransigentes o desconocedores de la inteligencia emocional.

Como si de una epidemia consentida se tratase. Porque en todos los aspectos de la vida siempre hay quien cuestiona tus capacidades físicas y profesionales y va reduciedo tu tamaño, sea cual sea, hasta convertirte en un guisante, redondo, chaparro y verde de ira. Cuestión de orgullo y compañía que la princesa engreída note el pequeño guisante molesto que no le deja dormir. Porque nosotras, los guisantes, hemos venido para quedarnos. Tiemblen.


Todas estas reflexiones que parecen un sinsentido y a continuación me dispongo a explicar, forman parte de la semana de la pasión, que traducida en un gráfico, situarían su punto álgido el lunes, el jueves y el viernes.

Una semana más comenzaba sin saber que Isabel Allende iba a abrir el camino del lamento con una de sus conferencias para el TED, Historias de pasión. Dicurso basado en el feminismo, la igualdad, la crítica política y la social –la más importante– de mujeres relegadas a los cánones actuales. El estar siempre mona, cueste lo que cueste y pase lo que pase, en cronología con aquellas mujeres de lugares no tan desarrollados que luchan por sacar a su entorno más cercano adelante con el presupuesto de nuestro pintauñas más barato.

Una pasión intensa que transcurría entre mujeres más que aptas que nunca nos tomamos la licencia de observar. Periodistas profesionales que corren de un lado a otro, que hacen y deshacen asumiendo la responsabilidad de tres cargos profesionales distintos sintetizados en uno por la falta de recursos. De amas de casa que hacen malabarismos con sus cuentas. De hijas, madres, novias, abuelas y hermanas que por suerte no han perdido la ternura ocasional con aquellos que las rodean. Algo tendrá que ver la evolución de sus hijos, padres, novios, abuelos y hermanos en su bagaje.


Hasta que llega el viernes, un correo inesperado y terminas por darle la razón a aquellas que desconfiaron. Un artículo inacertado y dañino sobre todo si procede de alguien al que te negabas a no admirar a pesar de los indicios latentes. Porque Arturo Pérez Reverte ha sido desterrado de los marcadores de mi navegador y dudo mucho que vuelva a aparecer por defecto. En Mujeres como las de antes sintetiza la crítica a todo lo aquí expuesto, a experiencias y ruegos. Una ardua comparación entre nuestra generación y aquellas gloriosas mujeres de punta en blanco que levantaban pasiones con sus pasos firmes de tacón.

Lo que no parece entender el académico en su artículo, de obligada lectura, es que muchas y muchos conocemos una faceta más intensa y realista de las mujeres de antes. De heroínas que lucían fantásticas y, perdone, pero a las que no tenemos nada que envidiar aunque hayamos cedido al armario del olvido la ropa incómoda y los andares de "no tengo prisa".

Conocemos a aquella señora que cosía y cosía mientras miraba por la ventana de su taller cómo sus hijos iban al colegio. Que un día instauró en mi vida familiar el pintalabios rojo como pintura de guerra. Otra de esas historias que seguramente, Pérez Reverte no conozca. Porque hubo un día en el que, llamémosla Carmen González Picón, se reveló contra su hermano mayor y aprendió a pintarse los labios de rojo intenso en el portal, sin luz ni espejo, en una Barcelona en la que los labios rojos simbolizaban vender tu cuerpo por dinero en el barrio más duro. Siempre ha sido carne de cañón y este es su pequeño homenaje a este sector todavía latente de mujeres que deben vender su cuerpo, muchas por obligación.



También conocemos a la inmediata generación posterior. ¡Esas sí que rompieron con lo establecido! No llegaban vírgenes al matrimonio, estudiaron, llegaban más tarde de las diez a casa y, con la ayuda de sus madres que cosían, adaptaron la ropa masculina a sus curvas, una comodidad de la que parecemos non gratas en el artículo ya mencionado. Acortando las faldas de tubo adoradas por Arturo para poder bailar al son de Radio Futura.



Y nos conocemos. Sin cardados y en playeras. Quizá con nuestras lorzas de comida precocinada entre clase y clase. Nos conocemos tanto que sabemos que no queremos un retrógrado de este tipo a nuestro lado que nos exima de sentirnos preciosas con nuestra nueva forma de concebir la sensualidad. Para los que el tiempo pasa y las mujeres de bandera somos nosotras sin quitar valor a todas las generaciones pasadas.

Así que, la próxima vez que escuche, lea o visione que el feminismo es algo del pasado, que estuvo bien como reivindicación y que la igualdad ya reina en todos los hogares e instituciones como la Real Academia de la Lengua –señor Reverte– me pintaré los labios de rojo guerrero, en vaqueros, sin tacones y sin contonear mi cadera, algo de lo que no ando corta. Adoraré el progreso de los hombres que por suerte esos sí que no son como los de antes, y me limitaré a reavivar el debate en pro del feminismo, necesario y actual.

3 comentarios:

Bizarre Enfant dijo...

No es que esté de acuerdo totalmente con Pérez Reverte, pero también creo que hay más sensualidad en la elegancia que en ir enseñando carne como si no hubiera un mañana. Aunque ya se sabe, para gustos...

LGCarretero dijo...

Sí, pero qué queda de la sensualidad no sometida a cánones impuestos, a que la mujer vista como quiera y que por ello no sea menospreciada. De la libertad sin juicios. Sinceramente puede que esté de acuerdo con otros de sus artículos pero no con uno que critica que una mujer no pueda estar segura de sí misma con lo que considere oportuno llevar puesto en esa ocasión, si está a gusto. Es penoso.

Anónimo dijo...

Jamás hemos de permitir que nadie, ni mujer, ni hombre, te trate de imponer, cómo has de vestir, lo que debes o no debes hacer, que eso lo decides tú. Qué es lo correcto, qué es lo elegante, lo bueno, lo malo. Olé por todas aquellas mujeres que ejercieron su libertad, que la tomaron, que la tratan de conquistar cada día, sea como fuere, en el ejercicio lícito de sus libertades, ya sea subiéndose la falda, pintándose los labios o manifestándose por el derecho a voto, como las primeras sufragistas, por la igualdad jurídica, por la libertad de decidir sobre sus cuerpos, por una igualdad salarial, por el fin de la violencia de género, revelándose contra el patriarcado, estudiando día a día.
Lo que está claro es que siguen siendo ellos los que creen que todavía pueden decidir cómo somos, qué pensamos, cuál debe ser nuestra moral, qué debemos y qué no debemos hacer con nuestro cuerpo, con nuestra vida, fijando cánones de cómo debe ser una mujer. Igual las mujeres El Reverte es un provocador, un pringao más que se cree en poder de sentar cátedra, qué sabrá él de psicología femenina, si no menstrúa. Se equivoca, gracias al feminismo, una conversión necesaria para muchas todavía, no estamos solas, como a ellos les gustaría, ahora, nos reconocemos detrás de cada mirada de cada mujer, cada gesto cómplice en el portal, en la acera de cualquier calle. Siento defraudarle, señor Reverte, pero no estamos solas, ya no:

http://www.faktorialila.com/index.php/es/portada/82-faktoria-lila-web/blog/155-ensenar-las-vergueenzas

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