16 de noviembre de 2013

¿POCO QUE PERDER?

La voz de la experiencia

Tengo un amigo que una vez se metió en un lío económico de esos de bancos, casas, negocios e hipotecas del copón. Llegué a temer que hiciese cualquier locura pero al contrario, me dijo que cuando no tienes nada, nada tienes que perder. Aunque te las hagan pasar (muy) putas. Pienso en el pobre hombre que está en huelga de hambre en Sol. Manda huevos –que diría Trillo– no se acuerda de él ni un maldito medio de comunicación, ni siquiera los “progres” de la Sexta y lo que es peor, tampoco nos acordamos nosotros. 



Jorge Arzuaga que es un ingeniero joven en paro, como podríamos ser cualquiera de nosotros. Pero con más huevos. Se está jugando la vida por nosotros en un gesto a lo “Jesucristo” en plan moderno, un David que lucha contra Goliath, como el protagonista de Avatar, que vemos en la tele y se nos caen las lagrimas. Eso sí, cambiamos de canal y olvidado el asunto.
Pero ¿cómo acabará esto? Ni va a ascender al Reino de los Cielos, ni va a vencer al Capital, al Titán o Satán de turno, ni va a salvar Pandora y quedarse con la chica. Se va a provocar, si no muere, unas secuelas que arrastrará de por vida, y no sólo las físicas, ya sabéis a lo que me refiero.

Personalmente veo un absurdo, matarse de hambre para un montón de cabezas huecas que no pasan del “me gusta” en la página de Facebook y que mañana volverán a votar a los mismos, o a no votar, porque España es así. Ellos seguirán riéndose y amargando la existencia y dejaremos que saqueen nuestros derechos que, hasta hace poco, considerábamos elementales e inamovibles por nuestra sacrosanta Constitución.

La misma Constitución que, con el beneplácito de PPSOE, cambiamos para poder hacernos cargo de una deuda privada. ¡Así de solidarios somos los españoles! Esa Constitución a la que nuestros políticos se agarran como garrapatas cuando les conviene llenarse la boca con “la unidad de España” o cuando se habla del Rey. La Constitución que se pasan de manera sistemática por el arco del triunfo, cuando no les interesa.


Jorge pasa más hambre que Carracuca tratando de cambiar algo, buscando una reacción por nuestra parte, queridos congéneres de la generación perdida, generación esterilizada intelectualmente con contratos basura, emigración y supervivencia y castrada en el más puro sentido de la procreación ­–a ver quién es el kamikaze que se la juega según está el patio–. 

Pero lo que es mucho peor es que han conseguido producirnos impotencia completa y total. Ni con la viagra del pobre Jorge en huelga de hambre, ni con el paro, ni con el saqueo de la Sanidad, ni el de la Escuela Pública, ni el de las Pensiones, ni el de la Universidad, ni el del subsidio por desempleo… Y aunque se rían en nuestra cara, nos roben el dinero, nos pisen, nos humillen… no nos movilizamos de forma imponente.

No hacemos honor a nuestros abuelos ni a todos aquellos que lucharon y fueron asesinados por conseguir lo que hasta hace poco creíamos tener. Somos una generación de impotentes y cobardes, salvo raras excepciones, ni siquiera sabemos defender la poca dignidad que nos queda, si es que nos queda algo. A ver si despertamos, porque tenemos muy poco ya que perder, queridos, ¿o cambiamos de canal y lo dejamos morir de hambre?

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