16 de noviembre de 2013

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ Y EL TRIBUNAL DEVOLVIÓ

Miriam Cerezo / @cere14

Los etarras José Antonio López Ruiz, ‘Kubati‘, y José Félix Zabarte liberados antes de ayer, jueves, de la cárcel del Puerto de Santa María (Cádiz) llegaron a casa tras la derogación de la Doctrina Parot –que alargaba su pena- por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).



La noche del jueves sonaban cohetes en Elorrio (Vizcaya), pero esa noche no había derbi entre el Athletic y la Real Sociedad. Sin embargo, ‘Kubati‘ y Zabarte, ambos naturales del municipio vizcaíno, viajaban de forma discreta desde la prisión de Cádiz hasta País Vasco.

Esa misma noche y antes de montar en el coche, ‘Kubati‘ había abandonado ′el lugar que le vio estudiar’ entre protestas, insultos y zarandeos de familiares de víctimas del terrorismo. Víctimas impotentes ante una situación que les supera, tanto como para olvidar que la diferencia entre ellos y los otros es el respeto y la aceptación de los principios y valores del Estado de Derecho. Pero vete tú ahora a hablar de principios y valores a alguien a quién le arrancaron de sus brazos a su ser más querido, sin ningún principio y sin ningún valor.

La villa de Elorrio, a unos dieciséis minutos de Mondragón -tachado en varios carteles, para sólo visualizar Arrasate (en euskera)-, es un pueblo con una apreciable actividad industrial, o al menos antes del cierre de Fagor, y un vislumbrante casco antiguo repleto de unas construcciones y vegetación características de la urbe vasca. Sin embargo, ayer por la mañana cierta ornamentación alteraba el escenario habitual del municipio gobernado por el PNV. Y es que distribuidas por diferentes lugares podíamos encontrar pancartas que daban la bienvenida a los dos etarras citados anteriormente. "Ongi etorri etxera" (“Bienvenido a casa") y otras con las fotos de ambos militantes de ETA con leyenda "Ni un minuto más, etxera (a casa)" aparecían una y otra vez ante la pasiva mirada de los lugareños.



Y es que la sensación que siente el pueblo vasco ante esta situación es muy parecida a la que hemos sentido todos alguna vez en una clase de un colegio. Me explico: ¿os acordáis cuándo un compañero robaba o rompía algo? La profesora que se encuentra el embrollo, reúne a todos los integrantes de la clase y formula la pregunta. Sí, has leído bien, la pregunta: “Si sale ahora el responsable no habrá ninguna consecuencia, de lo contrario, seréis todos castigados”. Entonces, y aunque no hayas sido tú, te sudan las manos, sientes un fuerte dolor en el pecho, disminuye tu capacidad de concentración -que hago, que hago-, te mareas un poco y oyes hasta el zumbido de la mosca que volaba sigilosamente en la sala. Si hablas, chivato. Si te callas, cobarde. Si no habla el compañero, no le sigue ni dios. Si he sido yo, perverso.

Y a lo que se quiere llegar, es que no se quiere decir que todo el mundo que viva allí defienda a la banda terrorista. Si no que el audaz marketing de los cuatro, cinco, seis –o los que sean- que defienden a estos etarras es cojonudo. Cojonudo porque si no haces por entender a todas las partes la impresión que se lleva uno cuando sale de allí es que para ese pueblo estos asesinos son héroes. Y es que señor lector…hay partes, muy diferentes, como en toda clase. Está el que no se quiere involucrar (‘el cobarde’), el que no está involucrado pero suelta una barbaridad de vez en cuando para no quedar mal ante los del marketing (‘el chivato’), al que le gustaría hacer algo pero no se atreve (‘el dudoso’), el que le da su voto al PNV para que Bildu no se lleve la alcaldía (‘el valiente’) y los del marketing (‘los perversos’).

Ante esta situación, el PP de Elorrio, representado por el concejal Carlos García, solicitó a la Consejería de Interior del Gobierno Vasco que se retirasen esas pancartas ya que apoyan al terrorismo. ¿Qué terrorismo? Pues ese que es capaz de matar a trece personas e intentarlo contra otras dieciséis. Por ejemplo.

El ambiente era tenso. Como en todo pueblo, o como en toda clase de colegio, las miradas se cruzaban, se entrelazaban, se traspasaban. Unos decían que no pasaba nada, otros contaban anécdotas, eso sí, entre murmullos. “Estos son manchegos, pero llevan mucho tiempo viviendo aquí y para quedar bien dicen que no se sienten españoles aunque tengan enterrados a sus padres allí”, decía una. “Pues la madre de Zabarte debe decir que lo que tengan que hacerle a su hijo por lo que ha hecho bien merecido se lo tendrá”, decía otro. Y entre cuchicheo y cuchicheo más miradas penetrantes.



“Vizcaíno es el hierro que os encargo; corto en palabras, pero en obras largo” citaba Don Diego López de Haro en La prudencia de la mujer, de Tirso de Molina. Ahora juzguen ustedes mismos. No olviden que aunque quieran olvidarlo, y soplen fuerte para que el viento se lo lleve, hay cosas que siempre vuelven.

Miriam Cerezo es estudiante de Periodismo en la Universidad de Valladolid


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