5 de diciembre de 2013

LA MODA DE SEGUIR LAS MODAS

Para todo ser humano, movido por su tendencia a dejarse guiar por las masas, suele resultar inevitable seguir ciertas maneras de vestir, de hablar o de actuar que conforman modas que vienen y van. Algunas son inofensivas e imitan el estilo o comportamiento de estrellas de la televisión, el cine o la música. Otras pueden parecer ridículas, cuando se tratan de lucir ropa, complementos o peinados que, aun disgustando a sus portadores, convierten las calles en una marea de clones sin personalidad propia. Pero hay otras modas que exceden los límites de la inteligencia y el raciocinio del que la raza humana presume. La mayoría de éstas se dan en adolescentes y jóvenes y pueden acarrear graves consecuencias para la salud, causando en ocasiones la muerte.

Viñeta de El Roto
El caso más sonado de estas prácticas descabelladas que se convierten en habituales entre grupos sociales determinados es el del “balconing”, consistente en saltar entre los balcones de un hotel o desde el balcón a la piscina del mismo. Este juego, que suele ir acompañado de la ebriedad del que lo practica, se ha cobrado un total de 16 vidas en los últimos tres años.

El estereotipo que relaciona jóvenes y alcohol persigue a todos aquellos que no han rebasado el cuarto de siglo de vida y que parecen no tener opciones de dejar atrás esta negativa imagen cuando salen a la luz modas tan absurdas como el “slimming”. Esta práctica, originaria de Estados Unidos, consiste en empapar un tampón en una bebida alcohólica de alta graduación e introducirlo en la vagina o en el ano en el caso de los hombres. La absorción directa del alcohol a través de la sangre provoca una intoxicación etílica 
inmediata mucho más grave que la que causa la ingesta por vía oral. Tomar unas cervezas con los amigos mediante el método tradicional parece haber aburrido a ciertos sectores adolescentes que, sin un motivo claro aparente, arriesgan su salud de esta manera. El “slimming” ya no es una leyenda urbana, sino que es una práctica real que ha traspasado fronteras.

No solo con el alcohol y otras drogas tienen que ver estas modas que proliferan con mayor o menor éxito. El aspecto físico es una de las grandes preocupaciones de muchos jóvenes (y no tan jóvenes), agravada porque los prototipos y cánones de belleza que la sociedad y algunos medios imponen resultan complicados de lograr debido a su carácter irreal e insano. El nuevo reto que se impone entre mujeres de todo el mundo se llama “thigh gap” y se trata de lograr un hueco tal entre los muslos que estos no lleguen a tocarse. Este hueco, también denominado “tragaluz”, es antinatural y únicamente se consigue con la extrema delgadez, o bien con una operación quirúrgica en la cara interna de los muslos, liposucciones que han aumentado exponencialmente en las clínicas de estética.


Esta peligrosa obsesión se ve acrecentada por comentarios e imágenes vertidos en foros de Internet y redes sociales, que recuerdan a las chicas que desean lograrla que si no cuentan con esta característica corporal es porque están gordas. Esta moda no hace sino aumentar los casos de trastornos alimenticios, cada vez en edades más tempranas, en adolescentes que desean encajar a cualquier precio en una sociedad que impone unas normas de perfección física alejadas de la realidad.

Todas estas peligrosas modas suelen calar en mayor medida en las personas de menor edad, que intentan desesperadamente sentirse parte de una colectividad. Las modas vienen y van, pero la moda de seguirlas se mantendrá mientras la población actúe cual rebaño desorientado en busca de una aprobación absurda por parte del resto de las ovejas.


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