3 de enero de 2014

EL INDIE YA NO ES INDEPENDIENTE

Elena G. Castañón/@Helen8392

La sociedad actual se caracteriza asiduamente por gozar de comportamientos contradictorios y absurdos en su afán de transgresión y originalidad. Las modas en todos los ámbitos de la vida cotidiana están a la orden del día y seguirlas se convierte en una necesidad sobrehumana para no quedar relegado al montón de gente simple y aburrida que vaga por las calles sin tener ni idea de que su abrigo no combina con su bufanda o que las gafas ya no solo se usan para ver mejor. La fina línea entre la modernidad y el borreguismo alcanza su máximo exponente con la moda más a la moda de todas las modas, que no es otra que la de no estar a la moda.

De la querencia por lo raro, singular y poco común nace todo lo relacionado con la palabra ‘indie’, vocablo que designa a todos aquellos elementos que dentro de una parcela concreta (música, cine, literatura, moda, etc.) pueden ser considerados independientes, es decir, diferentes y alejados de lo comercial y masificado

Aquel que se define como ‘indie’ presenta una estética determinada, así como un gusto artístico concreto. Sobre todo en el ámbito musical, las reglas del buen ‘indie’ son claras: los grupos que no suenan en la radio (excepto si se trata de Radio 3) están permitidos; el resto no están bien vistos. El término ‘indie’, que actualmente engloba un tipo de música, que no género, actúa como un saco en el que cantantes y grupos caen por azar o por convicción y cuya etiqueta los marca de manera positiva para unos y negativa para otros. Atrás queda el tiempo en el que la música independiente era aquella que, rechazada por las grandes compañías, contaba con sus propios sellos discográficos y sonaba en bares oscuros con un público entregado, pero que no superaba las 30 personas.



Hoy en día la música ‘indie’, tras la distorsión que supone que algo se ponga de moda, es la favorita de muchos adeptos a esta cultura, quienes en ocasiones se obligan a escuchar sonidos que nos les gustan por mera apariencia. La lucha por ser el más ‘indie’ pasa por dejar de lado el criterio musical y rechazar aquello que no cuente con esta etiqueta, así como alabar todo lo que goce de ella, aunque suene terriblemente mal. En una cuestión tan absurda se ha convertido lo que comenzó siendo una manera de entender la música, verdaderamente alejada de las modas que llevaban a los números uno de las listas de éxitos a artistas de calidad cuestionable.

En Reino Unido, por ejemplo, se mantiene la esencia independiente y, aunque más comercial (en un sentido relacionado con las ventas, que en los últimos años se han incrementado en gran medida), se trata de música de calidad, normalmente con sellos discográficos propios, pero que triunfa entre crítica y público. A lo largo de 2013, las discográficas independientes vendieron un 26,4% de la totalidad de los discos que se compraron en Reino Unido, aumentando sus ventas en un 5% respecto al año anterior. A pesar de la crisis del sector musical, grandes grupos como Arctic Monkeys o Queens Of Stone Age, cuyos trabajos son lanzados al mercado por sellos independientes, son una garantía para que la compra de música en formato físico se mantenga viva, así como las buenas cifras de estas compañías.


El grupo británico Arctic Monkeys
En otros lugares, véase España, lo ‘indie’ ha degenerado hasta extremos en los que prima escuchar lo que está de moda escuchar, camuflado como ‘diferente’ o ‘culto’, por encima de los propios gustos y la objetividad artística. A pesar de la inmensa cantidad de grupos patrios poseedores de gran talento y calidad, lo ‘indie’ en nuestro país se empaña de mala fama y rechazo por parte de ciertos sectores, debido a la alteración del propio concepto y de todo lo que lo rodea. Lo ‘indie’ ya no es independiente ni mucho menos original y se trata de una moda más, pasajera como tantas otras.

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