14 de enero de 2014

GAMONAL, LA NUEVA ZONA CERO

Clara I. Bozal/@ClaraBozal 

-“Gamonal huele mal”. -“¿Ah, sí?, ¡pues en el centro sois unos pijos!" ¿Cuántas veces habré sido testigo de frases como estas? Cientos, miles. Porque soy burgalesa y allí la competitividad entre las diferentes zonas de la cuidad impera sobre cualquier otro tema. Pero algo ha cambiado. Desde el viernes 10 de enero el G-3, otro nombre que recibe Gamonal, ya no es sinónimo de comidillas entre los amigos, Gamonal se ha vuelto internacional por su protesta en contra de la construcción del bulevar.


Los medios de comunicación posiblemente tuviesen que buscar Burgos en el mapa tras la primera noche de disturbios en la cuidad. “A ver redactores, ¿dónde narices está Burgos? -Es ese sitio que solo es noticia cuando hace frío, jefe”. Pero el frío y las previsibles nevadas de ese fin de semana no conseguirán ocupar un mínimo espacio en los medios. Hay un acontecimiento mucho más jugoso: una protesta (que mucha gente no comprende) para evitar la remodelación de la calle Vitoria, la arteria que une una zona de la ciudad con otra y por la que circulaban 20 000 coches al día de media.

Los gamonaleros no han dudado en enfrentarse a la policía, a los antidisturbios y al principal medio de comunicación de la ciudad (Diario de Burgos) para conseguir frenar las obras. Y de momento lo han conseguido. Los obreros afirmaban ayer por la noche que no volverían a la calle Vitoria con las máquinas hasta que se garantizase su seguridad mientras trabajan.

Fachada de la Facultad de Filosofía y Letras en Valladolid

Gamonal se ha convertido en un símbolo desde que comenzaron sus protestas. Representan la lucha de miles de ciudadanos contra los intereses políticos. Lucha que se materializó en los violentos encuentros entre los antidisturbios y los ciudadanos. Peleas que generaron numerosos heridos, veinte oficialmente, cifra que aumenta si se tienen en cuenta los ciudadanos que fueron tiroteados con pelotas de goma y no acudieron al hospital. Un caso concreto, un herido presentaba una fractura de nariz por tres sitios diferentes por un proyectil de este tipo.

No apoyo la violencia que ha destruido mobiliario urbano, los bancos, las marquesinas y los contenedores no tienen la culpa de que el alcalde de la ciudad, Javier Lacalle, ignore a sus votantes. Sin embargo, no hay duda de que actos reprobables han sido los únicos capaces de llamar la atención de los medios. Las deudas que acumula el Ayuntamiento se incrementarán 8 millones de euros en una obra a la que se opone la opinión pública burgalesa si no se pone remedio. Muchos contenedores se han de quemar para llegar a los ocho millones.
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