29 de enero de 2014

VIOLENTA REVOLUCIÓN

Juan Carlos Castro/@JimmyTurunen

Manifestarse ya no sirve de nada, hay quien se ampara en la mayoría absoluta y hay quien dice que los de la calle son una minoría. Sólo se da pie a un debate político estéril, más aún que el de si se debe prohibir pitar el himno en los partidos de Copa del Rey. Lo hemos visto en un montón de ocasiones, el 15-M supuso el 12% de los temas tratados por los candidatos a la presidencia del Gobierno, después, un movimiento ciudadano cuyas demandas han de ser, en el mejor de los casos escuchadas, nunca tenidas en cuenta.



De nada sirve autoengañarse y pensar que tenemos unos políticos responsables, cuando los marrones de cada legislatura se posponen hasta las próximas elecciones y finalmente se hacen cuando desde fuera nos obligan a tratar los temas: “yo no quiero pero me obligan”. Olvidaros, los recortes no han sido “duros, pero necesarios”, tienen un componente mayoritario del primer término y no debireron llegar a producirse tal y como se han producido si quien nos dirigiera supiera que su electorado comprende la necesidad de acabar con la burbuja de la construcción.

“Tenemos lo que nos merecemos”, pero si los principales partidos se han desideologizado para captar más votos y utilizan famosas frases populistas como “la mayoría silenciosa”, a la vez que  la información sobre las alternativas es complicada (no nos engañemos, Internet mola pero el nuestro medio favorito es la tele), ¿por qué se critica tanto el voto en blanco, el nulo y la abstención, teniendo en cuenta los matices que los diferencian?



Manifestarse no sirve de nada; la irresponsabilidad, para gobernar un país. No es que haya que aprobar todo lo que quiera aquel que se manifieste, pero si se crea repercusión el tema debe ser tratado, aunque sean unos perroflautas que no tengan la más mínima intención de quemar contenedores, que parece que es lo único que tiene efectos.

Sí, quemar contenedores, ocupar edificios, e insultar a los políticos hasta en su casa. En términos de telediario “grupos de violentos”. Gamonal no es un ejemplo, es la confirmación de todo y la extensión de la irresponsabilidad a todo el sistema: del di lo que sea para que se calmen a parar las obras solo hay un hecho que condiciona todo el proceso, las obras se interrumpieron por falta de seguridad de los trabajadores.
Los escraches (son un acto violento) han conseguido que esta práctica se ilegalice y que se conozca a la plataforma Stop Desahucios, también que el tema sea tratado, aunque el debate como siempre haya concluido con un “hambre para mañana”.

Es así, que se abarrote Sol con gente sentada y las manos en alto para no hacer ruido al aplaudir no es molesto, es un acontecimiento curioso, pero si en vez de eso esas personas se levantan (no se puede andar sentado) y se enfrentan a los antidisturbios que intentan desalojarles el tema es distinto. Por ejemplo, de esta forma los mineros consiguieron una prórroga a su agonía y que sindicato, empresarios e industria se sentaran a negociar.




Quizá la violencia sea el termómetro por el que medir qué protesta es legítima y cuál no – las protestas legítimas son las que denuncian temas que luego son tratados -, lo cual visto el ejemplo no consideraría como algo recomendable, sólo útil debido a la situación. Las diferencias entre los gobernantes y los gobernados no deben ser solo arregladas a base de daños en el mobiliario urbano, pero esta no es sólo una labor cívica, también lo es política y esperemos que aquí no haga falta que pase lo que está pasando en Ucrania donde la unanimidad de opinión mediática española es increíble y las culpas más que de los violentos es del gobierno. ESOS SALVAJES.

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