2 de febrero de 2014

A LA DERECHA DE LA DERECHA

Lucía G. Carretero/@LGCarretero

Me gusta escribir sobre mujeres. Quizá porque lo soy o quizá porque estoy rodeada de mujeres valientes. Esos seres optimistas y que han superado la incredulidad en situaciones de la vida tan surrealistas, que se lo esperan todo. Y como lo predicen, tiene una capacidad inverosímil para superarlo.

Conozco a mujeres que han superado la barrera de su sexualidad, barrera impuesta desde el exterior, y que presumen honrosamente de lo que son y no de lo que los demás quieren que sean. Unas “locas del coño”.


Conozco mujeres, a mujeres, que cobran menos que sus homólogos masculinos. Conozco mujeres sometidas a la presión de la apariencia. Que visten tacones para realizar su profesión, pongamos periodística, cuando sus compañeros campan por el plató con cómodas botas de montaña. Conozco mujeres que se tuvieron que casar porque se habían quedado embarazas. Y, ahora, conoceré mujeres que no podrán decidir sobre su sexualidad, sobre si quieren traer a este controvertido mundo, asqueroso sistema, niños que no podrán mantener aunque, en el mejor de los casos, no necesiten cuidados especiales debido a la cruel naturaleza. Imagínense, esto en el mejor de los casos.

Conozco a hombres buenos. También los hay. Pero por desgracia, vivimos rodeados de políticos con sotana y con un jesucristo adornando el cabecero de su cama. Me niego a poner “jesucristo” con mayúsculas. Nos consideran seres inferiores, incapaces de tomar decisiones propias que afectan a la vida que elegimos. Porque gracias algún retrógrado con poder, como Gallardón, las mujeres violadas tendrán que amamantar, cambiar pañales y pagar la universidad al fruto de su desgracia. Porque parejas en paro, con sueldos precarios y quizá sin casa, tendrán que sacrificar lo poco que les queda por un bebé de vida difícil. Con una Ley de Dependencia en vías de extinción. Y les llamarán egoístas y crueles. Por ser selectivos y darwinistas y solo querer que el fuerte sobreviva, aunque en realidad se trate del más alto vestigio de amor: no querer tener a su hijo luchando en condiciones lamentables y sin recursos. Eso sí que es ser provida.



Parejas de jóvenes golfos y despreocupados que, para algunos arderán en el infierno, porque que sus neuronas no les permitan desdibujar que los preservativos se rompen, que los anticonceptivos tienen margen de error. A este ritmo frenético de vuelta al Franquismo, el calendario sexual contará los días como el de Adviento, debido a precios demasiado altos que jóvenes que se inician no podrán pagar. Y retirando la receta médica para la píldora. Señores, no digan que conservan subvención en una gran cantidad de marcas. Que las conservan en aquellas que la carga hormonal del comprimido vuelve loco a cualquier ser sensato.

Rincón de Taradete

Y así continúa la liturgia, con mujeres jóvenes que tendrán que luchar por sus derechos, con los que nacieron y que sus madres y abuelas se encargaron de que disfrutasen. Mientras tiranos irascibles las tachan de feminazis, alardeando de que la igualdad está instaurada en la sociedad y en todos los hogares. Sotanas y santos en un Estado laico. A la derecha de la derecha. A la derecha de Le Pen.

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