5 de febrero de 2014

A SANGRE FRÍA

Jorge Hierro/@Shajaolana

Sin espacio en el estómago para digerir la tristeza generada por el fallecimiento de Luis Aragonés (al menos en España y parte de Europa), sólo 24 horas después de la rendición del sabio de Hortaleza llegó el ‘’suicidio no intencionado’’ de otra celebridad de índole y magnitud muy dispar pero a la vez sorprendente. Suicidio por la manifiesta estupidez de sucumbir a las tentaciones de la parca disfrazadas de adicción y desintencionado por aquello de que el difunto Philipp Seymour Hoffman pretendía salir, como acostumbrara hace 23 años, vivo.

www.telegraph.co.uk

El pasado domingo Hollywood almorzó de luto por la pérdida de una de las estrellas emergentes del gremio en la última década. El actor neoyorquino había sucumbido al abuso de heroína por segunda vez (tras 23 años sin olerla) y la sobredosis de la pasada noche del sábado puso el punto y final a su corta vida. Habría cumplido años por vez 47 en julio, pero a sus 46 y medio ya tiene el premio más codiciado por actores que incluso a sus 50 ni lo han olido.

Mientras Leonardo DiCaprio, Will Smith, Brad Pitt o Bruce Willis se muerden las uñas viendo escapar sus oportunidades de tener una figura del ‘’tio Oscar’’ en sus vitrinas Hoffman ya se había hecho de oro con 4 décadas de edad interpretando al creador del nuevo periodismo americano: Truman Capote.

Acomodado a realizar papeles secundarios desde hace 20 años, Seymour Hoffman siempre había destacado por mimetizar las luces del personaje protagonista con las de su propio personaje, dando en ocasiones la mareante impresión de desconcierto sobre la etiqueta de cada uno. Su talento hacía de las películas que interpretaba (en su mayoría filmes independientes o de culto en su origen) auténticas piezas imprescindibles de arte dramático. Recordamos sus papeles en Boogie Nights (1997), El Gran Lebowski (1998) y otros más actuales como La duda (2008) o The master (2012), en todos ellos soportando el peso del guion con maestría acompañando a compañeros de la talla de Meryl Streep, Joaquim Phoenix o Jeff Bridges en los roles principales. Incluso llegó a tener el privilegio de cerrar la carrera cinematográfica del magnífico Sidney Lumet con Antes que el diablo sepa que has muerto (2007).

Hoffman y Lumet (IMDb)

El derroche de carisma de sus indelebles secundarios llamó la atención de los directores hollywoodienses que enseguida pusieron en marcha la adaptación de personajes oscuros para Hoffman: si el actor funciona de maravilla como protagonista en la sombra, quizás sepa manejarse con soltura como protagonista antagónico. Tales fueron los casos de sus interpretaciones en Misión Imposible III (2006) y en la reciente Los Juegos del Hambre: En Llamas (2013).

Si bien es cierto que deslumbró por la facilidad para desenvolverse con papeles secundarios y antagónicos, el Oscar a mejor actor llegó tras uno de los pocos papeles de protagonista que realizó. Como mencionamos anteriormente, la historia que cuenta cómo Truman Capote vivió y escribió el asesinato de la familia Clutter (A sangre fría, 1966) sirvió para convertir en historia del cine al actor Philip Seymour Hoffman.




Philip Seymour Hoffman ha muerto. Un hombre realmente bueno y maravilloso y uno de los mejores actores de nuestra historia. No lo dice Periodistillas, lo dice Mia Farrow (aunque actualmente se pueda dudar de la veracidad de todo lo que venga firmado por ese apellido).

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