19 de febrero de 2014

CINE ESPAÑOL: EN CASA NADIE TE QUIERE

@Shajaolana

No es ninguna noticia que el sector audiovisual en España se encuentra sumido en una crisis que paulatinamente va tragando más agua de la que escupe (el pasado año se recaudó un 16% menos que en 2012 y 11’5 millones de espectadores dejaron vacías sus butacas), pero existe un grupo de profesionales aún más perjudicados. Los españoles ya no van al cine y en el caso de hacerlo no será para ver lo último de Trueba (mucho menos aún antes de la pasada gala de los Goya), ya que el producto nacional en los cines ha perdido casi 6 puntos de cuota de pantalla.

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Vaya por delante que la gestión del gobierno en todas sus carteras ministeriales podrá ser más o menos pésima, y precisamente el señor Wert no es un mago de la cultura, la educación o el deporte, pero en este caso no sería justo dejar caer todo el peso de la culpa sobre los que mandan. Ni siquiera la mesiánica Fiesta del Cine logró rescatar al cine nacional, que recaudó 70 millones de euros en 2013 (49’2 millones menos que el año anterior): El público responde cuando el precio de las entradas disminuye, pero el cine español casi ni lo nota.

El verdugo de traje y corbata

Existen muchas razones por las que el sector audiovisual español no cicatriza ninguna herida de la grave crisis económica que viene lacerando al país desde 2007, y sin duda que el Gobierno tiene mucho que ver.
Antes de las últimas elecciones de 2011 la asistencia a las salas arañaba el centenar de millones (101’5), y tan sólo 3 años más tarde (diciembre 2010 – diciembre 2013) más de 25 millones de personas han dejado de acudir. La tasa impositiva agravada del 8 al 21% en el precio de las entradas no ha servido para que el público acuda con mayor frecuencia a los cines, ya que resulta lógico pensar que cualquier familia prefiera llevar a los niños al parque antes que gastarse alrededor de 50 o 60 euros en llevarlos a ver una película.

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Esta situación está llevando a la bancarrota a muchos cines en todo el territorio nacional, viéndose obligados a echar el cierre definitivo a sus salas (para ser justos tampoco deberíamos perder de vista el problema que genera la piratería). Sin embargo, la medida está siendo rentable (de momento) para los señores de traje y corbata: De lo que llevamos de siglo XXI el año con mayor recaudación de los cines en España fue 2004, en el que se recogieron 700 millones de euros procedentes de las salas españolas y el IVA del 8% proporcionó 51’3 millones a Hacienda, mientras que el peor fue el pasado 2013, que tan solo aglutinó poco más de 500 millones pero esta vez el nuevo tipo impositivo enriqueció con 86’8 millones a la Agencia Tributaria. Es decir: el año de mayor recaudación de los cines españoles en lo que llevamos de siglo generó 35’5 millones de euros menos que el año de menor recaudación.

Es la primera vez que el Ministerio de Hacienda ingresa más en concepto de impuestos que lo que concede al Fondo de Ayudas a la Cinematografía (en 2013 tan sólo concedieron 40 millones de euros). Ahora es el cine el que subvenciona al Estado, y no al revés.

No todo son números. Los datos anteriores reflejan los problemas de los exhibidores dentro de España, y estos afectan tanto a las películas nacionales como extranjeras. Para tratar con particularidad la aportación del gobierno a la crisis del cine patrio habría que destacar la indiferencia que muestra hacia el séptimo arte español. La publicidad de cine nacional en España se reduce a los Premios Goya (sin olvidar, porque tampoco lo merecen a pesar de su menor mediatización, los premios Forqué o festivales como el de Málaga) y a los intereses particulares de entidades privadas (si Mediaset participa en la producción de Lo Imposible evidentemente la promocionará, pero no nos equivoquemos, eso no es publicitar cine español, es publicitar Mediaset). El Ministerio de Cultura no hace absolutamente nada por promocionar el cine nacional. Cero.

Esta posición del ministerio dirigido por Wert no casa, por ejemplo, con el sistema proteccionista del cine francés. En el país galo tanto el público como las televisiones están volcados con su cine, el cual soporta casi la mitad de la cuota: Francia produce al año entre 200 y 240 películas subvencionadas y ha conseguido que sus producciones sean las más vistas de su país, consiguiendo una cuota de pantalla que oscila entre el 34% y el 45%. No podemos afirmar que en España no se subvencionen películas (los últimos datos que podemos observar del Ministerio de Cultura muestran subvenciones de más de 100 proyectos audiovisuales entre largometrajes y cortometrajes), pero el hecho de que la gran mayoría de estas pasen por las salas sin publicidad, visibilidad ni accesibilidad hacen inútil el esfuerzo, mostrando conveniente estudiar la posibilidad de subvencionar con ese mismo dinero menos proyectos que puedan adquirir mayor accesibilidad y, por tanto, generar mayores ingresos.

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El verdugo de prejuicios y palomitas

El público ha hecho también mucho daño al cine a través de la piratería. De hecho, este problema en España ha llegado a llamar la atención en EEUU, donde están preocupados por la exportación de su cine en suelo español ya que los exhibidores son escépticos a la hora de comprar películas para proyectarlas debido a que en muy poco tiempo estarán disponibles a través del pirateo en internet. El problema de la piratería afecta de forma directa a todo el sector audiovisual en general, pero es necesario centrarse en el caso particular del cine español.

Como hemos visto, el cine español no cuenta con la protección de su Gobierno pero, al girar su cara hacia el público, tampoco encuentra respaldo en éste. ¿Por qué el (poco) público que acude a las salas prefiere We’re the Millers frente a Caníbal?

El cine español ha zigzagueado por toda su historia, dando bandazos a uno y otro lado provocando una inestabilidad que ha contagiado a su público. El espectador español, simple y llanamente, no casa con el cine nacional. A nadie nos resulta extraño escuchar ‘’el cine español es una mierda’’ en nuestro propio país y esa afirmación es tan hiriente como equivocada.

No le toca a un servidor demostrar que existe cine español (sin intelectualismos, puro cine comercial) de igual o mayor calidad que su homólogo americano. No quiero que se malinterprete las anteriores palabras, es evidente que Hollywood nos ha dado grandes piezas de la historia del cine, pero no es aceptable preferir el resto de mediocridades que generen en EEUU por encima de obras de arte de Daniel Monzón, Jaume Balagueró, Fernando Trueba o David Trueba (la excepción, que siempre ha de haberla, podría ser Pedro Almodóvar).

En esta reflexión no han aparecido los nombres de directores como Alejandro Amenábar o Juan Antonio Bayona (o los no tan conocidos Jorge Dorado y Eugenio Mira), precisamente por una razón evidente: La internacionalización o, lo que es lo mismo, ver películas españolas con intérpretes extranjeros o, al menos, en inglés. El doblaje ha acomodado tanto al espectador español que éste prefiere no ver la V.O. de ninguna película con tal de no tener que leer los subtítulos, por lo que también querrá ver dobladas las coproducciones españolas. Sin embargo, es frecuente que en EEUU se realicen remakes de filmes españoles, lo que puede generar una cuestión interesante: De cara a la externalización del cine español, ¿no sería mejor crear películas en inglés (y no doblarlas) exportables, sin necesidad de remakes, a todo el mundo? El espectador español tendría que hacer un esfuerzo por leer o, quién sabe, a lo mejor, aprender inglés. 

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