22 de febrero de 2014

SIN IMÁGENES NO HAY NOTICIA

 @ClaraBozal 

Los acontecimientos y sucesos que han ocurrido a lo largo de la historia y ahora recordamos gracias a los libros tuvieron su origen en pequeños detonantes.

La primavera árabe tunecina, por ejemplo, comenzó con el hartazgo de Mohamed Bouazizi, un joven informático en paro que poseía un puesto con cuyas ganancias apenas podía subsistir. Se quemó públicamente a lo bonzo enfrente del Ayuntamiento el 17 de diciembre de 2011.


Bouazizi se convirtió en un mártir días antes de morir como consecuencia de sus quemaduras. La muerte de este joven demostró que los actos que tienen poder para ocupar la agenda de un medio son los que aportan crudeza y violencia. Si nadie hubiese grabado el fuego devorando la piel de todo su cuerpo, y no lo hubiese colgado en Internet, su suicidio se habría sumado una larga lista de tunecinos desesperados.

Esta necesidad de aportar imágenes en las tragedias no solo sirve para hablar de la primavera árabe. La mantanza de Boston, el accidente de Santiago, la situación actual de Kiev o las protestas en Venezuela no tendrían cabida en muchos medios de comunicación sin las imágenes sangrientas que llegan a los medios.


¿Hemos perdido la capacidad de ver que existe un problema si este no proporciona imágenes que parecen sacadas de videojuegos sangrientos?

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