17 de febrero de 2014

VIDA, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE SUGAR MAN

El artículo de hoy no trata de chorizos e incompetentes, como viene siendo habitual aquí, sino de una historia que, por lo átipica, increíble, casi sobrenatural, también merece ser contada y decir ese tópico de que a veces la realidad supera a la ficción.



Hace casi un año, la gala de los Oscar no solo premió a Ben Affleck y demás, sino que una cinta sueca dirigida por un tal Malik Bendjelloul se llevó la estatuilla al Mejor documental. Ganó casi todos los premios a los que fue nominada y la crítica fue entusiasta. El reputado Roger Ebert, fallecido poco después, escribió sobre ella: "Espero que podáis ver esta película. Os lo merecéis. Y sí, existe porque es necesario que exista."

El documental se llamó "Searching for Sugar Man" y cuenta la enigmática historia de un cantautor de Detroit que a finales de los 60, comienzos de los 70, sacó dos álbumes bajo el nombre de "Rodriguez" y que, a día de hoy, estaba aparentemente muerto o desaparecido.

La película comienza en los orígenes de su música, hablando con los que llegaron a conocerlo para tratar de llegar a saber cómo era y qué fue de él, por qué simplemente desapareció. Los productores que lo descubrieron tocando en bares y decidieron grabar sus discos, en los años de la Motown de Detroit, que han trabajado con gente como Michael Jackson, Marvin Gaye, Stevie Wonder o Diana Ross, afirman que era de los mejores y más talentosos músicos que han podido ver y escuchar en su vida, el nuevo Bob Dylan, unas canciones y una persona destinadas a marcar la música popular, por lo que lanzaron sus discos de forma entusiasta. Sin embargo, y sin saber muy bien por qué, ambos álbumes vendieron apenas unas decenas de copias, no se radiaron, que era fundamental en la época, nadie los escuchó y nada más se supo de él.

Una historia como seguramente haya miles en la Historia del arte, donde el reconocimiento jamás llega en vida, y posiblemente tampoco en la muerte. Pero si algo hace grande a esta historia es que el reconocimiento sí llegó, solo que al otro lado del Atlántico y al otro lado del Ecuador, donde este músico anónimo se convirtió en un icono al nivel de los Beatles o Jimi Hendrix.

No se sabe exactamente cómo, el primer disco de Rodríguez, Cold Fact, llegó a Sudáfrica y durante los años 70 el boca a boca y sus letras sobre temáticas prohibidas como sexo y drogas hicieron que rápidamente se convirtiera en todo un símbolo de cambio y de libertad. Sugar Man es la canción que abre Cold Fact, acerca de un camello y sus clientes. Eran las canciones del cambio para la población joven blanca anti apartheid, entre la que comenzó a circular el rumor de que Rodriguez estaba muerto, pues cuando se preguntaba, nadie, ni siquiera en Estados Unidos, sabía nada sobre él. Se decía que se había suicidado en pleno concierto, que se había prendido fuego, y otras muchas locuras que endiosaron aún más su figura. Todo el mundo estaba convencido de que estaba muerto. Hay que entender que en aquellos años, el gobierno del apartheid, la falta de información, la censura, el aislamiento del exterior, hicieron que nadie supiera nada de estos artistas extranjeros, de los que solo se conocían sus canciones.



Ya en los años 90, dos sudafricanos se decidieron a investigar sobre él y llegar al fin hasta la verdad sobre su muerte, que seguía siendo un mito en el país. Para ello siguieron la pista de los derechos de autor que las discográficas sudafricanas estaban pagando. Ese dinero llegaba a la discográfica estadounidense, y parte debía ir a Rodríguez, como autor, que debería haberse convertido en millonario con el más de medio millón de discos que vendió allí, lo que correspondería a varios discos de platino. Pero Rodríguez nunca llegó a ver un duro. No había cómo seguir su pista. Sin embargo, uno de los productores de Cold Fact les dio la noticia de que Rodríguez no estaba muerto.

La llegada de Internet y la globalización de la información hizo posible el resto. Los investigadores colgaron la información en la red y finalmente fue la propia hija de Rodríguez la que se puso en contacto con ellos, absolutamente incrédula de que alguien estuviera buscando a su padre porque era una estrella del rock en Sudáfrica. Descubrieron todo. Rodríguez era Sixto Rodríguez, hijo de emigrantes mexicanos afincados en Detroit. Se había dedicado a la música tocando en bares y salas de la zona pero, después de la derrota que significó el desastre comercial de sus dos discos, continuó trabajando en la fabrica de automóviles en la que lo había hecho toda la vida, con una vida tranquila y apacible en el anonimato.

La noticia fue un boom para Sudáfrica, como si de repente les hubieran dicho que Elvis Presley estaba vivo. Con recelos por ambas partes, pues ambas creían que podría ser un fraude por lo inverosímil de la historia, se programaron seis conciertos por el país. En marzo de 1998 Rodríguez y su familia fueron recibidos en el aeropuerto como estrellas, fue a las televisiones y llenó todos los conciertos que tocó. Recibió el reconocimiento casi 30 años después.



A día de hoy vive en su casa de toda la vida en Detroit, pero ha realizado varias giras por Sudáfrica y también en Australia y Nueva Zelanda, donde su música también tuvo éxito en los años 70. Además, a raíz de Searching for Sugar Man, ha crecido el interés en Estados Unidos y todo el mundo anglosajón, donde ha aparecido en programas de televisión como el de David Letterman o Jay Leno, y ha actuado en festivales como el de Jazz de Montreal, o Glastonbury en Reino Unido.

Esta es, en fin, una historia sobre la relatividad del éxito y la derrota, sobre los milagros, que existen, y la esperanza que necesitamos, y en estos días más que nunca, donde solo sale lo sucio, lo rancio. Hay historias que merecen existir y que si no deberíamos inventar, y esta es una de ellas en la que, como el hijo de un dios, nació, murió, resucitó y llegó a los cielos, para salvar a la humanidad. Pero más que mis palabras, simplemente véanla.

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