16 de marzo de 2014

CAMINANDO POR LA DIGNIDAD

@LGCarretero


Caminante no hay camino. No hay camino mientras haya que pagar la cantidad estratosférica de deuda pública, con recortes a la prácticamente extinta clase media. No hay camino si el sendero del Gobierno se trifurca en Comisión Europea, Banco Central y Fondo Monetario. Si los españoles no pueden cubrir sus necesidades básicas, las que quedaban tan lejanas en aquellos tiempos de "vivir por encima de sus posibilidades".

El 22 de marzo, la Marcha por la Diginidad aunará sus fuerzas en Madrid tras semanas avanzando, paso a paso, desde todos los puntos de la geografía española, por el empleo, el derecho a una vivienda digna y por la recuperación del bienestar social.


Desde Galicia, Asturias, Esukadi o Andalucía. Haciendo escala en pueblos y ciudades donde se une el hartazgo colectivo que reivindicará dentro de una semana, junto a los madrileños, el fin de la precariedad civil y de las políticas de recortes. En la capital, desde Fuenlabrada, Carabanchel o Coslada, esperan su llegada recaudando fondos y planificando las actividades de acogida para los caminantes españoles. 

Porque a veces, cuando te lo han robado prácticamente todo, el único remedio es hacerte visible entre la monotonía diaria. Porque cuando los medios de comunicación se limitan a cifras del paro y de viviendas en venta, tienes que ingeniártelas para robarles 20 líneas o dos minutos escasos con una marcha de cientos de kilómetros para que se acuerden de que tú, común y normal, también existes. Para que luego el alcalde de un municipio no muy grande, de esos en los que se vota a las personas y no a los partidos, alardee prepotencia ante los gritos de los manifestantes. La antigua conducta de criticas los actos de los demás con medidas similares o incluso peores. ¡No me grites! ¡Te ordeno gritándote!

Foto: miciudadreal.es
"En 2014 nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva de la ciudadanía, de la clase trabajadora y los pueblos", reza su manifiesto. Una situación sin un final próximo ni a la vista. Donde la resignación parece la vía más sencilla pero donde algunos aún confían en el poder de la ciudadanía. Porque se hace camino al andar.


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