28 de marzo de 2014

FÁCIL PARA MÍ NO SIGNIFICA QUE NO SEA DIFÍCIL PARA ALGUIEN

Clara I. Bozal/ @ClaraBozal


¡Qué bien sienta un paseo de vez en cuando! Salir a la calle, caminar sin rumbo y sin preocupaciones. Pero eso lo digo yo, una chica de 21 años, 1.65 de altura y sin ningún problema de movilidad. Os propongo un experimento. Salid a la calle con una silla de ruedas, con los ojos tapados o con tapones en los oídos.


Caminar por Valladolid no es tarea fácil. Ni siquiera muchos de los accesos a edificios públicos están habilitados para que todo el mundo tenga un acceso fácil a ellos. Pensemos en la puerta principal del hospital Clínico Universitario. Una rampa que, incluso cuesta subir andando, agotaría a muchos de nosotros si intentásemos subirla con una silla. No hablamos de rebajar las aceras para facilitar el paso de las ruedas, sino de la entrada a un hospital.

Aunque varias leyes de accesibilidad han sido aprobadas en los últimos años, las barreras no han desaparecido y siguen suponiendo obstáculos enormes para un porcentaje de la población. En 2007 un informe de Izquierda Unida detectaba problemas de este tipo en 230 calles, según informó el Norte de Castilla. Cinco años después esta ciudad recibió el premio Reina Sofía a la accesibilidad, está claro que se establecieron mejoras. Pero, ¿nos atrevemos a salir a comprobar la realidad?

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