6 de marzo de 2014

LA ESPAÑA DE LA SOTANA Y EL CRUCIFIJO

@Helen8392

"Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". 
Así reza el artículo 16.3 de la Constitución española, en la que queda patente sobre el papel la aconfesionalidad de un Estado multicultural históricamente, pero católico por tradición. Es por esto que la Iglesia Católica es la única entidad religiosa mencionada en el texto, además de estar presente en diversos ámbitos de carácter nacional, como la educación o la política, en los que cuenta con más poder del razonable. Muy lejos de ser un estado laico, España mantiene sus raíces católicas sin visos de cortar con ellas ni a corto ni a largo plazo.


La católica no es la única religión existente en nuestro país, sino que existen multitud de minorías sin gran relevancia a nivel social y que, por supuesto, no gozan de los privilegios con los que la Iglesia cuenta. Las más destacables son la protestante, a la que pertenece el 1% de la población; la musulmana, con un 0.6% de adeptos; la budista, presente en un 0.5%; la ortodoxa, religión que profesa el 0.2% de los ciudadanos y la bahá’í, que cuenta con un 0.1% de seguidores. Solo en la Comunidad de Madrid, el número de entidades no católicas registradas asciende a 594, según datos del Ministerio de Justicia.

En cuanto a las subvenciones asignadas para estas minorías, existe una diferencia respecto a las que se destinan a la Iglesia Católica y es que, además de ser notablemente inferiores, únicamente podrán ser invertidas en proyectos de carácter cultural, educativo y de integración social, y no en infraestructuras innecesarias o prebendas insultantes para sus líderes de culto, por ejemplo. Pero no todas las confesiones religiosas tienen acceso a esta financiación estatal, solamente aquellas suscritas a los Acuerdos de 1992 o aquellas con declaración de notorio arraigo, como los mormones. 
Viñeta de Manel Fontdevila
A pesar de la creciente presencia de estas minorías en la sociedad, el 70.4% de la población se declara católica, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas a fecha de octubre de 2013, frente a un 2.3% de creyentes de otra religión, un 15.9% de no creyentes y un 10.1% de ateos. España continúa aferrada a un catolicismo de valores antiguos y, en ocasiones, injustificados e injustificables, proveniente de una etapa que duró más de lo debido en la que la libertad religiosa, de conciencia y de cualquier otro tipo brillaba por su ausencia. Una casilla en la declaración de la renta, las vacaciones en Navidad y Semana Santa, la religión en las escuelas o las decisiones políticas que, aunque intenten disimularlo, huelen a catolicismo rancio, recuerdan que España y la Iglesia Católica mantienen una relación más estrecha de lo deseable para un país democrático, libre y aconfesional, sustentada en los Acuerdos con la Santa Sede de 1979.

Ni las minorías ni aquellos que no quieren saber absolutamente nada de religión alguna se sienten representados por un país que emana tradición católica por cada uno de sus poros, caracterizado por gobiernos que ni aun en tiempos de vacas flacas cortan el grifo a los que chupan de él en nombre de Dios y la Iglesia o prejuicios y críticas de aquellos que se inmiscuyen en asuntos que nos les incumben, alegando una moral y una ética más que dudosa. La España de sotana y crucifijo. Por los siglos de los siglos. Amén.

0 comentarios:

Publicar un comentario