26 de marzo de 2014

VIDA vs. WHATSAPP

Todos hemos oído alguna vez la palabra “Whatsapp”,  nuestra generación, la de nuestros padres e incluso ya la de nuestros abuelos. Para algunos resulta impronunciable, otros se atreven con “whachap” o “whatsup”, pero, al fin y al cabo, la conocemos. Sabemos que la aplicación de mensajería instantánea más utilizada en la actualidad está dominando nuestro dispositivo móvil, y, cada vez más, a nosotros mismos.

Superando los 250 millones de usuarios, la fervorosa aplicación está causando estragos. No hay más que observar el último caso surgido: una mujer de 34 años con tendinitis por no poder dejar de utilizar su móvil y pasarse, nada más y nada menos, que 6 horas con el aparato en la mano contestando los múltiples mensajes de Whatsapp que iban llegando. Tras daños en la muñeca, la mujer acudió al hospital donde le detectaron la proveniencia de la molestia, prohibiéndole seguir utilizando el móvil. Sin hacer caso, volvió a pasarse horas con él, agravando más la enfermedad. ¿Ocio o adicción?

imagen: Álvaro Ibañez, flickr

Cada vez somos más dependientes de lo que antes era una “maquinita”. El invento del móvil fue toda una revolución, ya que permitía poder comunicarnos con cualquiera, desde cualquier lugar. Muchos lo refutaban, justificando que “toda la vida se había vivido sin ellos”. Sin embargo, ahora resulta casi imposible. Hace años este invento del móvil era usado para llamadas cortas y concisas, mientras que ahora solo se usa para escribir, 24 horas al día, sobre lo mismo una y otra vez. Nos gusta enviarnos fotos graciosas y textos divertidos porque queremos hablar, y ya no hay ni de qué.

Ir en el autobús o en el tren suponía ver gente charlar entre sí, leer gruesos libros u observar el paisaje por la ventanilla, y ahora lo que supone es ver a esa gente con los auriculares al cuello, los móviles en la mano y los dedos sobre las teclas, pulsando 20 por segundo. ¡Y si es que hay teclas! Porque la revolución táctil está tan a la orden del día, que pronto escribiremos en nuestra propia mano. Tiempo al tiempo.

El Whatsapp es entonces el “culpable”. Somos seguidores de una aplicación que nos da la opción de hablar con nuestros seres más queridos en cualquier momento. Las compañías regalan las llamadas, cobrando ahora el servicio de Internet, dado que nos vemos con tal adicción, que somos incapaces de comprar el pan sin el móvil en la mano.

Ahora ya no es importante quedar con un amigo para tomar un café, lo importante es que conteste al Whatsapp a la 1 de la mañana si está en línea, sino, es que te ha ignorado y ya no es tu amigo. Ya no es importante ver a tu pareja después del trabajo, lo importante es que antes de dormir te envíe un “buenas noches” con múltiples emoticonos. No somos la generación del Whatsapp, somos la generación de la adicción y la tontería.

Es probable que pensemos que catalogarlo como “adicción” es ser demasiado extremista, porque, claro, todos tenemos en mente la idea de que podemos dejar de usar el móvil cuando queramos… Pero, sino ¿cómo se le llama a depender de un aparatito inteligente? Quizá eso de “inteligente” haya sido el problema, puesto que cuanto más inteligente se hace el móvil, más estúpidos somos nosotros.

0 comentarios:

Publicar un comentario