27 de abril de 2014

CUANDO LOS JÓVENES PERDIERON LA ESPERANZA


Para mentes poco preparadas, por muy maduras que sean. Para los que tenían fe en el futuro y se encuentran sumergidos en el sinsentido de la actualidad. Donde jueces son juzgados por preferentes que no vendieron. Donde la izquierda rancia de Rusia, la estereotipada Cuba, el chándal de Maduro cada vez se parecen más a la derecha camuflada. Políticas sociales más, políticas sociales menos, pero siempre rentables para quienes gobiernan. El hombre es un lobo para la ideología. Para aquellos que tuvieron fe en movilizaciones ciudadanas, que son reticentes a abandonar aunque cuestionen si simplemente, es un episodio más de la historia. Batallas, guerras o protestas pacíficas que brillaron en escenarios diversos pero que se repiten cíclicamente. Más allá de si el sentimiento de los que forman parte sea de progreso, triunfo o alegría. Todo está inventado. Los que creyeron que aún había esperanza encuentran ejemplos similares si vuelven la vista atrás y el cambio no fue definitivo puesto que tienen que seguir luchando.

 Imagen: Juan Carlos Castro

Para mentes desconcertadas. Que tratan de organizar de manera lógica la pirámide invertida de las grandes potencias y la pobreza. Que colaboran y tratan de guiar sus acciones hacia la igualdad, recursos para todos. Pero siempre ha habido ricos y pobres, buenos y malos, dominantes y sometidos. Siempre ha habido alguien luchando contra el poder establecido de los ricos, de los que no cuentan con recursos pero sí con las armas y potencial necesarios para explotar el de los demás. Siempre hubo esperanza.

Cuando creyeron –o creímos– que ante situaciones insostenibles los cambios de gobierno eran la clave para recuperar la estabilidad. Y volvieron los mismos con otros nombres y anestesiamos nuestras conciencias con órdenes en primera persona que disipasen el sentimiento de autoculpabilidad. Pensamos que era la solución. Cada cuatro años pensamos que las soluciones son las mismas y siempre caemos en el error de borrar la memoria colectiva. ¿Cuál es la solución? ¿Qué se te pasó por la cabeza para creerles?


Pues bien. Tú con tu incomprensión y tu pasión veinteañera preguntas a los adultos que cómo es posible que vivan tranquilamente en un mundo sin sentido. Y la respuesta es justo la que esperabas pero la que no querías escuchar, tenías esperanza de que algún razonamiento lógico que desconocías justificase toda esa mierda. Y te cuentan que ellos también creyeron a Felipe González hasta que les robó. Que se manifestaron en contra de la entrada de España en la OTAN pero que no sirvió para nada. Que pensaron que la justicia democrática serviría para algo después de correr delante de los grises y que creyeron que estudiar les serviría para tener una vida mejor y que el esfuerzo sería lo único que diferenciaría a las personas. Pero no. Nada de eso ha pasado y ahora te miran con aires de compasión y tristeza. Por la caída libre que sentiremos los jóvenes cuando perdamos la esperanza. Cuando nos demos cuenta que lo único que se puede hacer es tomar tus propias decisiones sin esperar nada a cambio. Y que lo único que te queda, al final, es saber que tú lo has intentado. Aunque no hayas conseguido nada. Porque las esperanza no es lo último que se pierde.


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