11 de abril de 2014

NO NOS DEJAN VOLAR

Clara I. Bozal Caro/ @ClaraBozal

La crisis económica dejó en el paro a miles de personas. Algunas de ellas removieron cielo y tierra para encontrar un nuevo puesto en el mundo laboral, tras la intensa búsqueda en muchos casos se rindieron, pero otros apostaron por la innovación.

Nacieron nuevas empresas enfocadas a sectores nunca antes explorados. Las páginas Web de búsquedas comparadas sufrieron un boom, al igual que establecimientos como los que venden cigarrillos electrónicos. La tecnología y sus avances han permitido desarrollar nuevos empleos. Pero las ventajas de estos avances técnicos tienen sus limitaciones, o mejor dicho, el Gobierno impone las limitaciones.


Hablamos de los drones, aparatos capaces de volar y realizar labores desde el aire que el ser humano no puede hacer de forma normal. Una reciente ley ha prohibido el uso comercial de este tipo de tecnología si se emplea con fines económicos. Varias empresas que intentaron sacar provecho tendrán que dejar de hacerlo. Solo existen dos lugares vulnerables a la prohibición de vuelo, Jaén y Barcelona.

La normativa, textualmente, determina que “En España no está permitido el uso de drones para aplicaciones civiles (para uso militar existe una normativa que permite su operación exclusivamente en espacio aéreo segregado). No está permitido, y nunca lo ha estado, el uso de aeronaves pilotadas por control remoto con fines comerciales o profesionales”.


¿Es adecuada la regulación y prohibición de estas máquinas voladoras? Este año vimos por primera vez las fallas desde el aire, Amazon incluso realizó entregas a través de este sistema y nuevas empresas, surgidas de emprendedores, basan su actividad en los drones. Los bomberos incluso llegaron a plantear que podría ser una herramienta que facilite su labor en incendios. ¿Por qué nos empeñamos en poner trabas a los avances?

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