3 de abril de 2014

¿QUÉ PASA CON GUANTÁNAMO?

@Helen8392

Durante años, una de las cuestiones a la cabeza, en lo que a violación de derechos humanos se refiere, ha sido el caso de la prisión de Guantánamo. Organizaciones internacionales, diversas ONG, plataformas de activismo o iniciativas de tipo cultural han manifestado su posición contraria a la existencia del centro y han exigido su cierre inmediato en multitud de ocasiones. Por todos es sabido que en Guantánamo se llevan a cabo prácticas condenables respecto al trato que se les concede a los reclusos; sin embargo, ante la gravedad de la situación, hay quien prefiere la comodidad de la irresolución del problema.

En el marco de la "guerra contra el terror", el gobierno de George W. Bush convirtió la prisión de Guantánamo en un centro de máxima seguridad en el que retener a los acusados de terrorismo y, más concretamente, de cualquier tipo de colaboración con los atentados del 11-S. En el año 2002 llegaron los 20 primeros presos; desde entonces, un total de 779 hombres han pasado por la cárcel, según cifras oficiales de las autoridades de Estados Unidos.

Centro de detención de Guantánamo. Fuente: http://www.librered.net/
Los presos, lejos de disfrutar de los derechos exigibles para cualquier ser humano acusado de un delito, se encuentran en un régimen especial establecido a partir de la conocida como Joint Resolution 23, que los define como "combatientes ilegales". No son civiles, por lo que no pueden ser juzgados por tribunales; tampoco son soldados, así que no serán tratados como prisioneros de guerra. Se produce entonces un limbo legal en el que Estados Unidos captura a "sospechosos" sin pruebas y los retiene durante años sin posibilidad de un juicio justo.

La estancia en Guantánamo no resulta precisamente acogedora, caracterizada por una serie de técnicas "coercitivas" autorizadas por el gobierno estadounidense para interrogar a los presos. Estas prácticas no están reconocidas como torturas, ya que apenas dejan señales físicas; sin embargo, pueden causar graves trastornos psicológicos, además de fuertes dolores corporales.


Una de las promesas que destacó en el discurso que Barack Obama abanderó durante la campaña presidencial de 2008 fue la de clausurar definitivamente la prisión de Guantánamo. Seis años después, la cárcel sigue abierta. Sin intención ninguna de justificar o eximir de responsabilidades al presidente de Estados Unidos, lo cierto es que para tomar una decisión de este calibre, Obama necesita el apoyo de las dos cámaras del Congreso, una de las cuales cuenta con mayoría republicana, contraria a esta propuesta.

Este rechazo al cierre del centro proviene de la extrema sensibilidad hacia el terrorismo islamista que la población estadounidense ha desarrollado desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. De una manera enfermiza y paranoica en ocasiones, el país americano hace gala de un patriotismo exagerado que pasa por defenderse de cualquier amenaza ajena, situando el punto de mira en todo lo relacionado con el mundo islámico. De esta manera, el hecho de que la prisión siga en funcionamiento contenta al sector americano más radical, mientras que la voluntad de hacerla desaparecer complace a quienes perciben la aberración humanitaria que esta supone.

La realidad es que la vulneración de derechos humanos en Guantánamo es sistemática e intolerable, algo que está muy presente en la teoría que venden los grandes protagonistas del panorama internacional, pero que se olvida cuando su puesta en práctica requiere dejar en un segundo plano los intereses políticos y económicos.

0 comentarios:

Publicar un comentario