16 de mayo de 2014

ESTUDIANTES Y ACTORES

No todo en la universidad es estudiar o beber. También hay otros entretenimientos. Lo bueno de estudiar en la uni es que se conoce gente que comparte tus aficiones y grupos de personas en los que practicarlos. Un ejemplo es el teatro.
El grupo de teatro oficial de la UVa, Gente de Teatro,  fue formado en el año 1985 por unos cuantos estudiantes de Medicina que compartían esta pasión. Recientemente, han representado su última obra: La importancia de llamarse Ernesto, un clásico de la literatura escrito por Oscar Wilde.
En el delicado y superficial Londres del siglo XIX, los dos amigos Archivaldo y Jack charlan sobre el deseo del segundo de contraer matrimonio con la señorita Gwendolin, con lo que Archivaldo está totalmente en desacuerdo considerando un error el matrimonio, pues “la verdadera esencia del romanticismo es la incertidumbre”. A su vez, aconseja a Jack mantener a su hermano ficticio, que le sirve como excusa para evadirse de su aburrida vida en el campo.
Así comienza La importancia de llamarse Ernesto, comedia estrenada en 1895. Se trata de una de las obras más importantes del autor inglés y, aunque sea de una farsa sobre la trivialidad de la vida, también critica las sociedad de la época y sus valores morales. Como reza el propio subtítulo, es “una comedia trivial para gente seria”.
Trece jóvenes actores interpretaron de manera impecable la obra a las órdenes de Carlos Burguillo, director de Gente de teatro desde 1998, quien fue también actor en el grupo. Pertenecer a esta compañía es sencillo, solo se precisa ser universitario en Valladolid, pasar una prueba de acceso y, por supuesto, que te guste el teatro. Desde sus comienzos han representado una obra por año y recibido varios premios. Forman parte, además, de la Red Provincial de Teatro de la Diputación de Valladolid.
No son el único grupo de teatro de la Universidad. También algunos colegios mayores y residencias universitarias tienen sus propias compañías, con los propios residentes como actores. Un ejemplo es el grupo de la residencia Alfonso VIII, que lleva haciendo obras desde 1996 y que representó recientemente El enfermo imaginario de Molière. Por su parte, el Colegio Mayor Santa Cruz fundó en el año 1992 el grupo Altair, que ha estado haciendo una o dos obras cada año desde entonces, usando su propio salón de actos. Su última representación fue Cuatro corazones con freno y marcha atrás, del autor español Enrique Jardiel Poncela.
Colegiales del Colegio Mayor Santa Cruz representando Cuatro corazones con freno y marcha atrás.
Foto: Paula Zurimendi.
Estar en un grupo de teatro implica mucho tiempo, ganas y dedicación, pero sin duda merece la pena, tanto para los espectadores como, sobre todo, para los actores que viven la experiencia y que suelen repetirla al año siguiente. Y es que la universidad es un buen lugar para descubrir nuevas aficiones que hasta entonces no se había tenido ocasión (o ganas) de probar. Quién sabe, tal vez alguno de estos aficionados continúe en el mundo de la interpretación al acabar su carrera. Y es que no se debe abandonar algo que te guste de verdad.

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