19 de mayo de 2014

EUROMAIDÁN PERMANENTE: RESUMEN DE LA CRISIS DE CRIMEA

@albaherself 

El conflicto de Ucrania se ha agravado los últimos meses, y más desde el envío de tropas militares rusas a las ciudades de Simferópol y Sebastopol. Tras dicho acontecimiento, los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y Polonia acudieron a la capital del país para reunirse con el ex-presidente Víktor Yanukóvich y mostrar su apoyo al Gobierno de Unidad Nacional, con el fin de lograr el diálogo pacífico y reducir la tensión entre rusos y ucranianos.


Sin embargo, días más tarde, concretamente la madrugada del 27 de febrero, un grupo armado tomó  el Consejo de Ministros y el Parlamento de la República Autónoma de Crimea, lo que desató de nuevo la polémica y la reacción del Gobierno ucraniano, que tildó la acción como un “acto de invasión rusa”. Lo siguiente fue acudir al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ucrania  remitió ante la ONU al Memórandum de Budapest de 1994, por el que EEUU, Reino Unido y Rusia se comprometían a respetar la autonomía, integridad y fronteras de Ucrania, así como no emplear  las armas contra ella, algo que había estado incumpliendo esta última. Finalmente, la resolución de la ONU fue decretar “inválida” la secesión de Crimea y Sebastopol, con el voto positivo de cien naciones, 58 abstenciones y once votos en contra.

El Parlamento ucraniano, a su vez, señaló que la situación en Crimea podía “representar una amenaza para la paz y seguridad internacionales”. Y lo cierto es que la realidad es el espejo de cómo la acción rusa y el referéndum independentista de Crimea están causando visibles trastornos a las relaciones pacíficas entre naciones. Un ejemplo es el permiso de paso por el Mar Negro que Turquía concedió a un buque estadounidense, sumado al posterior envío de naves aéreas a Polonia de esta potencia. El 10 de marzo la OTAN comenzó a vigilar la frontera de Kalingrado con Lituania y Polonia, de pertenencia rusa, donde las flotas de Estados Unidos, Rumanía y Bulgaria realizaban maniobras de fines dudosos.

La situación continuó con nuevas declaraciones de Serguéi Aksiónov, el actual Primer Ministro de Crimea, quien pidió a Putin ayuda para el mantenimiento de la paz y estabilidad y días más tarde era ordenado detener por Kiev junto a Konstantínov, presidente del Parlamento.

A vista del referéndum que se celebraría el 11 de mayo, la acción rusa continuó sus maniobras militares junto a la frontera con Ucrania, respaldada por el envío de la OSCE de apoyo militar a la zona. “El principal objetivo es comprobar el estado de preparación de las unidades militares y la realización de misiones de combate e instrucción sobre terreno desconocido”, según declaró el Ministerio de Defensa de Moscú. La acción se negociaría con Ucrania para delimitar el marco geográfico de la misión.


Fotografía: Wikipedia.
Tras esta sucesión de tensión y acciones armadas en la zona báltica, el 11 de mayo estaba cada vez más próximo, lo que llevó a la retirada de tropas ucranias de Crimea. Los soldados que ocupaban la zona en favor de Kiev se replegaron, dejando la zona bajo el control ruso.

El referéndum de autodeterminación del 11 de mayo dio los resultados esperados, con un 89,07% del este de Ucrania favorable a la independencia. Dicha consulta fue considerada ilegal por la Comunidad Internacional, y el propio Vládimir Putin la calificaba como “un paso hacia el abismo y la autodestrucción”. ¿Es legítima la autodeterminación de la zona convulsa ucraniana? La respuesta más correcta parece ser no, aunque, de negársele, los disturbios podrían continuar en la región.

Siendo Ucrania un miembro de la Unión Europea y la Comunidad Internacional como tal, es difícil imaginar el papel que pasaría a ocupar la autoproclamada República de Donetsk en el frente de naciones. Lo más probable sería su privación de voz y voto en los organismos internacionales y su deriva económica y política, situación que la desautorización del referéndum popular busca evitar. Un Gobierno ilegitimado y en desacuerdo con el resto de potencias solo generaría una situación desfavorable para Ucrania, por lo que la vía pacífica y el diálogo con la Ucrania prorrusa parece el único medio viable para subsanar la situación.

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