15 de mayo de 2014

LA FOTO DEL JOVEN AL QUE ATROPELLÓ EL TREN

@JimmyTurunen

Si has entrado en este artículo de título sensacionalista para ver la foto del joven que murió en Villamuriel el pasado 9 de mayo, puedes ir saliendo. Ni cadáveres, ni gestos, ni siquiera lágrimas; el morbo  no es lo nuestro ni tampoco lo apoyamos.



El pasado 9 de mayo, mientras en Palencia aún se celebraba la ITA, un joven de 20 años era atropellado por un tren que cubría el trayecto Alar del Rey-Venta de Baños. La trágica noticia sorprendió a todos: amigos, familiares e incluso al resto de estudiantes que se habían trasladado a la capital del Carrión con motivo de la fiesta universitaria.


Mayor sorpresa fue la que se encontraron algunos en su móvil al día siguiente. Alguna persona, que seguramente no recapacitó sobre lo que estaba haciendo, empezó a difundir vía whatsapp la foto del fallecido. Triste, lamentable, cruel y de dudosa legalidad.


El derecho a la imagen además de recogerse en el artículo 18 de nuestra Constitución, lo que le hace ser catalogado como derecho fundamental especialmente protegido, se cita expresamente como uno de los límites de la libertad de expresión y el derecho a la información. Pero para catalogarlo y limitar el caso al del joven fallecido, primero habría que definir este derecho.

El Tribunal Constitucional lo define como la capacidad de las personas para controlar los rasgos físicos que definen a los individuos. Aunque el Código Penal lo relaciona directamente con el derecho a la intimidad, existe una ley de 1982 que regula el derecho a la imagen y la forma es tajante, ya que no solo se prohíbe la publicación de imágenes sin el consentimiento de su protagonista, también está sancionada la captación y reproducción de las mismas. Desde el momento en el que se toma la foto, se pueden generar problemas.

Ahora bien, como bien reza el dicho, debe haber excepciones que confirmen la regla. Las caricaturas no están prohibidas, ya que colisionarían con la libertad de expresión del autor. Tampoco se puede impedir que se saquen fotos a personas con cargo y/o proyección pública, en este caso el límite se encuentra en la intimidad de la persona.

El joven fallecido en la ITA no ejercía ningún cargo público, ni tenía ninguna proyección pública más allá de jugar en el equipo de balonmano de la Universidad de Valladolid. Era una persona cualquiera en un lugar equivocado. A él una foto ya no le afecta, pero sí a todos a quienes le conocían. Puede haber quien diga que haya un interés real e informativo en ver los efectos que un tren puede causar sobre una persona pero en el momento que la imagen se difunde vía mensaje, sin más palabras que las básicas para reconocer al fallecido, solo prima el morbo.

La ley es muy amplia, muchas veces fría y quizá demasiado distante en casos como este en los que el trauma es importante y se agrava con imágenes como esta. La fotografía es un arte desarrollado desde el siglo XIX a partir de un aparato llamado daguerrotipo, pariente lejano de la cámara, que se creó para inmortalizar momentos, retratar familias y poder recrear ciertas situaciones, pero si Daguerre se hubiese percatado de para qué acabaría usándose, seguramente hubiera preferido permanecer en el anonimato y dejar de desarrollar su dañino invento.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Periodismo de calidad, curioso que sean solo los estudiantes (y no los profesionales) quienes lo hagan.
Con suerte, de aquí a unos años tendremos una prensa decente.
Un abrazo para todos, y mucho ánimo con el blog.

Atentamente, un servilletero observador.

Xenxo Diez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Da la casualidad de que habéis topado con uno que su madre es amiga de un miembro de su familia. Me parece lamentable, rastrero, y una actitud como mínimo asquerosa que la gente haya difundido esa foto, tanto para su familia como para su memoria. Esto es para denunciarlo, y para buscaros también, que sois unos sinvergüenzas.

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