9 de mayo de 2014

MISERIAS DE UNA ÉPOCA CONVERTIDAS EN CANCIÓN

@albaherself
Soñé una vida para mí
Estaba llena de esperanza
Soñé que amaba tan feliz
Soñé que Dios me perdonaba

El sueño del musical Los Miserables comenzó en el Palais des Sports de París en septiembre de 1980. Los autores de la adaptación de la novela de Victor Hugo fueron un libretista tunecino y un compositor francés, Alain Boubil y Claude-Michel Schönberg, respectivamente. Alain asistió una noche a una representación de Jesucristo Superstar de la que salió con un proyecto en mente: escribir una historia real que mezclase su amor por la ópera y las canciones pop. Ese día no se acostó hasta por la mañana, cuando dio con la idea del que sería su primer musical, 'La Revolución Francesa', en el que ya colaboraría con Schönberg.

Fotografía: Alba R. Cougil
Desde el inicio de su andadura, el musical Los Miserables ha visitado 43 países por todo el mundo, y ha sido traducido a 22 idiomas. A pesar de las malas críticas de su estreno en Londres en 1985, la producción se ha convertido en el musical más longevo hasta nuestros días, con 25 años en cartel en diferentes ciudades.


 Émile Bayard, portada de una de las primeras
versiones de la obra de Victor Hugo.
El Teatro Calderón de Valladolid no ha sido menos, sumándose a la acogida de su nueva producción en España del 10 de abril al 4 de mayo, coincidiendo con las fechas de Semana Santa y el 1 de mayo para que el mayor número de personas pudieran asistir a la función. Además, el éxito de la película de 2012 del mismo título y ganadora de los Oscars a mejor actriz secundaria, maquillaje y mezcla de sonido, precedía a su buena acogida.

2 horas y 50 minutos de arte en escena, en las que los actores se dejaban la piel en el escenario evocando los pasajes de la obra más aclamada de Victor Hugo. Con sus voces como instrumento, no les resultó difícil trasladar a los espectadores a la sublevación del pueblo francés de 1789, que serviría como referente para asentar las democracias europeas años después. Sin transiciones entre escenas y con decorados sorprendentes que cambiaban en segundos, Jean Valjean, Javert y Fantine, entre otros, protagonizaban las miserias de una época, cada uno por motivos muy distintos y que sus voces expresaban a la perfección con giros brillantes y matices conmovedores. 

Tras la evolución de Valjean de prisionero en las galeras francesas a alcalde y el amor entre su hija Cosette y Marius, un joven sublevado, la Revolución Francesa invadió el teatro en boca de un niño que prefiere arriesgarse a morir a vivir en la desgracia. Un símbolo de la penuria de un pueblo que, alentado por la necesidad, pudo derrocar la cruel monarquía de Luis XVI, en pleno siglo XXI.


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