10 de junio de 2014

BRASIL NO QUIERE CIRCO

@rayantes

Cuando hay fútbol, la terraza de casa se convierte en un excelente lugar para presumir de bandera. Cuando hay fútbol, hasta el menos patriótico se compra una camiseta de su país. Cuando hay fútbol, incluso una fuente se convierte en el mejor sitio para celebrar una victoria. Porque, cuando hay fútbol, ¡que se pare el mundo!

Mural que representa el rechazo a la Copa del Mundo
La Copa del Mundo 2014 que se comienza a celebrar dentro de prácticamente unas horas se ha ido convirtiendo, poco a poco, en la más cara de la historia: 35 billones de reales – lo que equivale a unos 10 mil millones de euros – fueron los gastados hasta el momento en la construcción de infraestructuras que alberguen este campeonato futbolístico.

Mientras medio mundo hace oídos sordos a lo que ocurre en ese país, allí miles de familias han visto cómo sus casas se destruían y como niños y traficantes de droga eran asesinados en plena luz del día solo para poder “limpiar la imagen”del país del fútbol. Pero, ¿saben qué? Que los brasileños no quieren tener una buena imagen fuera de sus fronteras. Quieren educación, trabajo, un sueldo digno, transportes públicos en buenas condiciones y, sobre todo, que la gente deje de morir en las colas de los hospitales, mientras los grandes, los políticos, se hacen ricos con su dinero.

En 2011 Brasil empezaba a florecer como la sexta potencia mundial, por encima, incluso, del Reino Unido. El sueño del país del futuro quedaba lejos de la imagen exterior asociada a sambas, Carnaval, caipirinha y Río. Y llegó el Mundial. Pero la realidad no ayudaba a que todo cambiase y cada vez mojaba más ese jarro de agua fría que caía sobre los brasileños. A pesar de que pintaban todo de colores, su bienestar social no mejoraba, se estampaba.
Pancarta en una manifestación -No quiero copa, quiero Sanidad y Educación-

Llegaron las primeras protestas hace un año. Y a día de hoy, hay millones de mensajes diferentes que circulan por redes sociales invitando a los brasileños a oponerse a la Copa del Mundo. Algo nunca visto en un país cuya afición es considerada como la más fanática de América Latina. En el último partido amistoso de Brasil-Panamá, fuentes cercanas han asegurado que ningún habitual símbolo de patriotismo se vio en las calles. No hay banderas ni coches con cláxones. Las ventanillas de los vehículos vestían un luto casi generalizado en el país

La gente se ha cansado. Según una encuesta reciente divulgada por Datafolha –un instituto de investigación brasileño-, el porcentaje de ciudadanos que apoyan la realización del evento ha caído a un 48% por primera vez en la historia del país. Para hacerse una idea, cuando la FIFA, en 2008, otorgó al país el 'honor' de ser los anfitriones para este 2014, el 78% de los brasileños querían la celebración del evento más importante para el fútbol mundial.

Otra encuesta realizada por Pew Research Center, revela la abrumadora caída en la satisfacción general de los brasileños con el país desde 2010, siendo el 72% de los mismos los que se mostraron descontentos en cómo van las cosas en el país. Aunque esta encuesta afirma que el 61% de la población no está de acuerdo con que el Mundial se realice en Brasil y que no creen que traiga beneficios, los brasileños afirman que no están en contra del Mundial pero sí de la forma con la que se está haciendo.




La construcción de los estadios sigue, a día de hoy, incompleta. Los cables sueltos alrededor de los estadios no son ningún lavado de imagen para ese Brasil que quería mostrarse grande ante el mundo.  Esos trabajos a contrarreloj además han conseguido que el país cuente con tan mala infraestructura que la propia FIFA estudió a principios de año sancionar a Brasil y retirarlo como sede del Mundial. Pero eso, por suerte o por desgracia, no pasó.

El país inmerso en una gran crisis social amenaza con seguir con huelgas de transporte en los próximos días como muestra a ese rechazo a la celebración del mundial, así como llevan haciendo desde hace un año más de un millón de personas que salieron a la calle a reclamar sus derechos. Por este motivo, la seguridad en el país se ha triplicado con el propósito de garantizar la máxima protección durante todo el evento. ¿Lo conseguirá uno de los países más violentos del mundo? Por si acaso no es así, autoridades japonesas aconsejaron a sus ciudadanos que “no viajaran a Brasil” en estos momentos.



Por su parte, la presidenta brasileña espera que haya “el menor número de altercados posibles”. Mientras, todo lo que está pasando poco importa a los grandes magnates del capitalismo, como la propia presidenta Dilma Rouseff, quién solo mira para su ombligo y asegura que “todo saldrá bien”. Lo que pase está aún por ver. Pero eso sí, si hay algo de lo que no tengo ni idea – o por lo menos no mucha -  es el fútbol. Pero yo, personalmente, no me compraría un billete para Brasil. Porque allí la gente ya no quiere circo: quiere pan.

0 comentarios:

Publicar un comentario