3 de junio de 2014

NO ES IDEOLOGÍA, ES DEMOCRACIA

Alberto Salazar Peso/@Alsalaz

La petición de un referéndum en torno a la continuidad de la monarquía en España no debe ser planteada como una lucha ideológica, sino como la posibilidad de adaptar la norma suprema a los intereses de su actual población.

Fotos: Lucía G. Carretero
 
La España de 1978 no es, ni de lejos, parecida a la actual. De acuerdo con diversos estudios, los españoles que votaron a favor de la Constitución en el referéndum de aquel año (un total de 15.706.078 sobre 17.873.271 de votantes) representan un porcentaje cercano al 40% del censo electoral actual. Dicho de otra forma, más de la mitad de los españoles que hoy en día tienen derecho a voto no han podido decidir sobre la norma suprema de su país.
 
Es de sobra conocido que el papel del Jefe del Estado español se basa principalmente en tareas de representación. Por tanto, todo el tumulto que ha generado y generará en los días próximos su abdicación y la legitimidad de que el príncipe Felipe le suceda de forma directa no será sino una cortina de humo para esconder los grandes males del país, aquellos que no van a resolverse por cambiar un color a la última franja de la bandera.
 
Haciendo un vago repaso, el baile de la corona se ha puesto en marcha en un país que lleva años sufriendo una crisis económica de la que todavía no se ve el fin, en el que se ha producido un deterioro gigantesco de los derechos sociales en un tiempo récord, en el que los casos de corrupción no dejan de salpicar a políticos de cualquier sigla e ideología y en el que sus ciudadanos han demostrado en las últimas elecciones una desafección nunca antes vista hacia la clase política dominante. Asuntos, todos ellos, que de verdad merecerían un debate profundo y sosegado, una reflexión con el mayor consenso posible sobre si este es de verdad el camino correcto para salir de la boca del lobo.

 
El tema de quién o qué debe suceder al rey don Juan Carlos no debería, por tanto, constituir una cuestión de Estado para nadie viendo la situación global de España. Pero si bien nadie puede poner en duda la importancia del Borbón en la llegada y permanencia de la democracia en nuestro país, también es irrefutable que en el propio concepto de democracia moderna se encuentra la idea de que el pueblo pueda expresar directamente sus intereses. Y 36 años dan para que todo aquel ciudadano español menor de 53 no haya podido opinar en torno al Título II de la Constitución, referido a la Corona, ni en torno al resto de su contenido.
 
La sucesión monárquica sin consulta a los españoles, por tanto, no sería sino una muestra de anquilosamiento de un cargo que, precisamente por su mero carácter simbólico, debe simbolizar el apoyo, si no unánime, sí mayoritario del pueblo al que representa. Una idea que casa muy bien con una de las frases clave del discurso televisado en el que Su Majestad anunció su abdicación: “una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista”.
 
Por ello, pedir un referéndum en torno al mantenimiento o no de la monarquía en España no tiene por qué estar relacionado con pertenecer a una u otra ideología, aunque muchos se esfuercen en creerlo y otros tantos en demostrarlo. Con lo que sí está relacionado es con un concepto de democracia que supone que las reglas del juego deben poder ser cuestionadas y valoradas cada cierto tiempo para que éste no se apolille.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Como os gusta a los periodistas arrimaros al sol que más calienta. Unas preguntas: ¿En cuantas democracias occidentales se vota si se quiere seguir o no con la constitución?¿Qué legitimidad tendría preguntarlo ahora?¿No sería más lógico que los republicanos se presentaran a las elecciones con esta consulta en su programa electoral y si el electorado quiere, que se lleve a cabo?

Anónimo dijo...

Es menos democracia la de Dinamarca, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Suecia, Holanda, Bélgica.... por tener monarquía??? Dinamarca está a la cabeza de los países menos corruptos; y Noruega y Suecia, del estado de bienestar.

En EE.UU es un derecho constitucional llevar armas, mucha gente no está a favor y no se oye nada de referéndum para decidir si se cambia o no, y lo mejor es que nadie voto esa Constitución.

Por otro lado, el cambio en la Jefatura del Estado, sea monarquía o República, no va a significar gran cosa porque su papel es meramente simbólico. Aunque puede que sí sea importante, para poner a algún otro político de medio pelo a pasar cuatro o cinco años sabáticos y que seguramente no haya pasado ni el examen de acceso a la escuela diplomática.

Alberto Salazar dijo...

Respondo a ambos comentarios. En primer lugar, creo que no va a haber un momento más adecuado para llevar a cabo una consulta a este respecto, debido a que la persona que en su momento fue legítimamente elegida por el pueblo como jefe del Estado ha renunciado a continuar asumiendo este cargo. Otra cosa son las ganas que tenga la clase política en renovar esta cesión de poder.
En cuanto al segundo comentario, creo que el pensamiento que tenemos en torno a esta cuestión es bastante similar y así he querido recogerlo en el texto. Como bien dices, no se trata sino de un cargo simbólico y que, por tanto, su continuidad o no no va a afectar directamente al funcionamiento del país. Lo que yo he querido expresar en este artículo es la carencia de sentido democrático que conlleva mantener un cargo de carácter vitalicio y hereditario sin realizar una consulta periódica a un pueblo que, en su mayoría, no ha podido dar su opinión al respecto.

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