8 de octubre de 2014

ÉPOCA DE LAGAREJO

@BertaPontes

Es octubre y, como cada año, estamos en época de vendimias.  Esa época en la que se recoge la uva que ha sido mimada durante todo un año.  Una época esperada tanto por bodegueros como por vendimiadores, ya que se comienza de nuevo el proceso de elaboración del vino para unos y se cobra por cubrir jornadas de subir al majuelo a recoger racimos para otros. La vendimia se concentra en los meses de septiembre y octubre, normalmente, a no ser que el clima sea adverso y obligue a retrasar o adelantar la recogida, ya que lo importante es que el fruto adquiera su grado de madurez.

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Desde hace siglos se elabora el preciado caldo de Baco de forma tradicional: a mano, ayudándose de las pocas maquinas que iban apareciendo. Se recoge la uva, se monta en tractores y se transporta hasta la bodega. Una vez allí se realiza todo el cuidado proceso que ‘convertirá’ un racimo en vino. Primero se deja en las tolvas, luego en las barricas y, por último, en botellas, saliendo al mercado posteriormente.

Desde que apareció la tecnología moderna el mundo del vino ha vivido una auténtica revolución. La transición desde tradición hasta renovación tiene aspectos positivos pero también negativos. Dentro de lo positivo está el escaso margen de error existente en el proceso de elaboración del vino, ya que todo está monitorizado y controlado al milímetro. En el bando contrario está un gran punto negativo: la repercusión en el empleo. La época de vendimias ha sido siempre un periodo en el que emigraba población de diversas localizaciones geográficas a las zonas vitivinícolas, lo que suponía una importante generación de empleo y enriquecimiento de la economía local. Pero cada vez hay menos factor humano debido a la utilización de máquinas como las vendimiadoras, que son capaces de recoger en una hora lo mismo que recogerían 25 vendimiadores en una jornada de 8 horas. Otro punto negativo es la desaparición de tradiciones como la del lagarejo, que consistía en que el mozo restregara un racimo de uvas maduro en la cara de la moza que le gustaba para cortejarla.

Para las personas que se dedican al mundo del vino, desde los que están en el inicio del cuidado de la cepa hasta los que se sitúan al final del proceso, supone una gran oportunidad de empleo. Aunque la mayoría de las veces el trabajo surja de forma eventual y sólo en temporada de vendimias, esto es un incentivo muy importante en los ingresos de las familias españolas, ya que supone un dinero extra o la totalidad del dinero que tendrán ese mes. Ya no interesa sólo a los trabajadores extranjeros que solían venir hace unos años a vendimiar porque ningún español quería hacerlo. Ahora a cualquiera que no tenga trabajo le ofreces trabajo como vendimiador y lo acepta a la primera.

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Otras personas, en cambio, aprovechan que sus pueblos son vendimiadores y que, además, tienen alguna que otra tierra para recoger su uva y hacer su propio vino. Este vino se usa para consumo propio, pues no son cantidades muy grandes, o para regalar a amigos y familiares. Pero, en otras ocasiones, la gente que tiene majuelos un poco más grandes vendimia por sus propios medios para después vender la uva a las grandes bodegas. Esta gente combina afición con negocio: les gusta elaborar vino y sacan algo de dinero vendiendo la uva. 

El vino ha sido y seguirá siendo un gran motor de la economía, aunque no nos demos cuenta. El trabajo de la tierra que tenemos es una mina de dinero si se saben llevar y aprovechar los recursos de los que disponemos. El sector vitivinícola pertenece a la industria alimentaria pero siempre ha tenido una importancia propia y aislada de las demás actividades que incluye esta industria. Existen muchas bodegas y la mayoría de la gente ve el hecho de trabajar en una de ellas como un trabajo más, sin darse cuenta de que influyen en la elaboración de un producto que la mayoría de las veces se vende como exquisito y cuya venta . Por esto la zona de la Ribera del Duero es conocida popularmente como el oro de Castilla y deberíamos cuidarlo bien

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante eso del racimo en la cara de la moza, viva el vino!

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