28 de noviembre de 2014

NO ES AGUA EN EBULLICIÓN

Juan Carlos Castro


Si calientas el agua se calienta hasta los cien grados a una presión normal, esta entra en ebullición. Es así, por mucho que se propongan otras alternativas el fenómeno va a seguir produciéndose. El método científico lo ha confirmado y nosotros aunque estemos seguros de que no hace falta llegar a los cien grados para conseguir que se produzca dicho fenómeno nos tenemos que resignar y dejar de gastar gas en calentar enormes cazuelas de agua.
Hagamos donde hagamos el experimento, China, España, Australia o Hawai el resultado siempre será el mismo. Sin embargo, si subimos artificialmente el precio del pan en China, España, Australia y Hawai los resultados serán diferentes y es que, a lo mejor, en el continente asiático son más de noodles que de baguettes y el producto solo lo compran los 'hispanofilos', un grupo de la población que tiene dinero de sobra para permitirse los placeres que quieran, incluido el pan.

La economía es así de caprichosa, el mercado lo forman personas y sus actuaciones y pese a ser previsible no llega a ser exacto. Lo que es bueno en un país, en un momento puede dejar de serlo fuera de sus fronteras o dentro de unos días y todas las mediadas han de ser personalizadas y adaptadas y sin embargo fallar.

Ante esta condición parece lógico que en una democracia a la hora de elegir las políticas económicas pueda haber varias opciones que planteen medidas diferentes para afrontar una determinada situación global. La actuaciones de un gobierno como España que pese a ceder competencias no ha perdido la soberanía económica deberían expresar esta pluralidad, sin embargo, no es así.
Desde la oposición o desde el poder las medidas en materia económica parecen ser las mismas. Existen otras pero están descartadas por no ser válidas, conclusión a la que se ha llegado tras años de monopolio cultural del neoliberalismo. Ese cuento del pensamiento único.

Ahora, cuando las medidas de austeridad económica parecen condenarnos a un crecimiento que no repercute en nuestro bolsillo y en los que el término deflacción continuada se empieza a traducir como japonización económica, como si fuera menos preocupante, podrían haber surgido desde la oposición nuevas teorías de cómo afrontar la actual situación, sin embargo esto no ha sido hasta ayer una bagatela, y lo extraño es que el impulsor de estas medidas es un partido que por desconocido tiene que romper con todo, incluso con el monopolio cultural.

Desde los 90 cuando la visión de los gobiernos como el de Tatcher o Reagan se impuso y los posteriores gobiernos socialistas las aceptaron, el neoliberalismo ha monopolizado el pensamiento económico y con el la teoría, imponiendo un régimen cuasi dictatorial en el que aquellas ideas que se mostraban contrarias a sus principios y en las que los estados tuvieran la más mínima soberanía sobre los mercados eran ensoñaciones de cuatro locos que al levantarse se dieron un golpe en la cabeza con una estalagmita de la caverna que habitaban. ¿O era estalactita?

Contrahistoria

Gobernar en estas situaciones no es fácil, ya que negarse a cumplir una orden del Banco Mundial o el FMI, en otra hora fundados bajo un mundo keynesista, era ir en contra de las propias leyes naturales, como si el sol un buen día cansado de la rutina decidiera salir por el oeste. Aunque en este caso las órdenes de estas instituciones derivan de deudas contraídas, los monopolios culturales no son gratuitos si quieren sobrevivir en el tiempo.

En este contexto surge el programa económico de Podemos o al menos el borrador, como no estamos hablando de ciencia no es el correcto, pese a que en algunos sectores se haya anunciado como el Santo Grial y en otros como la Biblia Satánica o una perogrullada, que por definición es innecesaria. Sin embargo, la importancia de este texto es que plantea alternativas, correctas o equivocadas, algo que hace mucho no se hacía y que en vez de criticar o idolatrar como si se tratara del Libro Rojo de Mao – por mucho que lo parezca, el borrador no es comunista – , habría que leer y respetar como tal.

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