19 de noviembre de 2014

¿QUÉ VA A PASAR CON CAMPOFRÍO?

El pasado domingo por la mañana la fábrica de Campofrío de Burgos quedó reducida a un amasijo de hierros y cenizas tras arder descontroladamente durante varias horas.  El humo que desprendía el incendio podía verse a varios kilómetros. Los trabajadores de la planta veían derrumbarse su futuro.

En la planta de Campofrío de Burgos no había habido ERES, se había superado la crisis dejándola de lado y ahora todo ha quedado reducido a nada. Tanto esfuerzo ahora es inútil. Los trabajadores de la planta se acercaron al lugar de los hechos para observar cómo desaparecía su pasado, presente y futuro. Desaparecía su lugar de trabajo, su fuente de ingresos. Casi un millar de familias están desconcertadas. ¿Qué va a pasar con su empleo? ¿Podrán volver a trabajar o tendrán que apuntarse al paro? Y lo más importante ¿se reconstruirá en Burgos la fábrica? Si no se levanta de nuevo la fábrica, Burgos se acaba.

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Pues bien, Campofrío y el Ayuntamiento de Burgos se han comprometido a construir una nueva planta de la compañía alimentaria en la ciudad, que estará previsiblemente acabada a finales de 2016, sin que los trabajadores pierdan sus puestos. Mientras duren los trabajos de reconstrucción los trabajadores pueden optar por irse a trabajar a otras fábricas de la compañía. El responsable de la empresa hizo lo que tenía que hacer: un llamamiento a las administraciones públicas para que colaboraran en el desastre. La ministra de Empleo, Fátima Báñez ha declarado que se ayudará en todo lo posible para la reconstrucción de la planta en la ciudad burgalesa.

Los trabajadores tienen miedo y aún les cuesta creerse el desastre ante el que están. No sólo se trata de los casi mil empleos directos, sino también de los indirectos y del efecto sobre la ciudad ante la pérdida de la planta. Los  empleos directos conviven con los indirectos, como empresas de embalaje o distribución. La planta burgalesa fue inaugurada en 1997 tras una inversión de 60 millones de euros. Su capacidad productiva era de aproximadamente 100.000 toneladas al año, con líneas de producción totalmente robotizadas y con una enorme exportación.

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La plantilla de trabajadores está perdida y reclaman a las administraciones públicas que sufraguen la parte del sueldo que se descontarán en el posible ERTE, para que puedan seguir cobrando el 100% de su salario. Los trabajadores más antiguos de la planta exigen que se les disponga por escrito que la planta se quedará en Burgos y que se mantendrán sus puestos de trabajo. De momento, Burgos tiembla y espera respuestas.

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